DERECHOS HUMANOS: precedentes intelectuales

Introducción

Hablar de la existencia de unos “derechos humanos” supone reconocer que el ser humano tiene una dignidad por la que debe lograr una serie de condiciones de vida acordes con dicha dignidad: igualdad, libertad de movimiento y de expresión, educación de los hijos, respeto a su vida, integridad… elementos necesarios para que su vida sea apropiada y plenamente humana.

El origen de lo que hoy denominamos “derechos humanos”, declarado por la ONU tras la segunda guerra mundial, en 1948, como protección de todo hombre frente a los abusos de los distintos estados, en la “Declaración Universal de Derechos del Hombre”, tiene su precedente político inmediato a finales del siglo XVIII tanto en la “Declaración de Independencia de los Estados Unidos (en 1776)”, como en la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” (en Francia, en 1789 –en el contexto de la Revolución francesa–).

Sin embargo, la ‘novedad’ de dichas declaraciones fue más su proposición orgánica y política que la existencia de las ideas que la hicieron posible, las cuales tienen sus precedentes, a nivel jurídico en leyes como la Ley Habeas Corpus inglesa de 1679 (que se remonta, por otro lado, a la legislación romana que defendía la libertad del ciudadano sui iuris sin causa probada), y en 1689 la también inglesa Bill of Rights). O incluso la legislación y la polémica intelectual derivada del descubrimiento y conquista americana por los españoles a partir de 1492.

A nivel intelectual, de manera más inmediata, el autor en el que se apoyan los desarrollos ilustrados de una teoría de los derechos del hombre y del ciudadano se encuentran en las tesis del pensador inglés John Locke en el Second Treatise of Government, en su polémica contra el estado absolutista proclamado por Thomas Hobbes en el Leviathan y Robert Filmer (Observations concerning the original and various forms of government).

Sin embargo, las tesis del mencionado filósofo inglés John Locke tienen tras de sí una larga y rica trayectoria. No sólo en sus fuentes explícitas (a través de Richard Hooker, Samuel Puffendorf o Hugo Grocio), sino también en otras que le llegan bien directa o indirectamente y que le conectan, mediante la escolástica medieval y pre-moderna, con una tradición muy anterior. Es especialmente la escolástica española de los siglos XVI y XVII la que ha madurado un amplio espectro de fuentes (bíblicas y patrísticas, jurídicas y canónicas, filosóficas y teológicas, escolásticas y humanísticas, antiguas y medievales…). Y el propio John Locke –como algunos estudiosos recientes han probado– tiene en Suárez, uno de los más eximios exponentes de ese legado escolástico un claro precedente. De ahí que las ideas que hacen posible la concepción de una igualdad entre todos los hombres, y la necesidad de que pueda tener una serie de condiciones para desarrollar lo necesario para una vida propiamente humana, se han ido gestando a lo largo de los siglos en la tradición intelectual que comienza en Grecia y Roma y llega, a través de la Edad Media y del periodo pre-moderno de los siglos XVI y XVII, hasta los intelectuales modernos que fueron los que pusieron los conceptos desde los que se elaboraron las declaraciones de los siglos XVIII y XIX.

Principalmente, la época de especial interés para la presente exposición es la inmediatamente anterior a los intelectuales sobre los que se apoyaron estas declaraciones (el pensamiento inglés de los siglos XVII y XVIII): la escolástica hispana de nuestro Siglo de Oro: en los distintos centros: Salamanca, Alcalá, Roma, Coímbra…, con nombres como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Juan de Medina, Juan Ginés de Sepúlveda, Alonso Deza, Juan de Palafox y Mendoza, Juan de Mariana, Francisco Suárez, y tantos otros pensadores … Ella destaca por su labor de sistematización de los elementos que se encuentran presentes en la tradición bíblica judeo-cristiana y sus comentarios y desarrollos por parte de la filosofía patrística, la tradición jurídica romana –recogido en el Corpus iuris civilis–, y la específicamente canónica cristiana: Corpus iuris canonici, los teólogos medievales, en particular la sistematización de la teología en el siglo XIII, el renacer clásico del saber grecorromano en el humanismo renacentista. Y sobre todo, la escolástica española destaca por la utilización de todos estos recursos para entender un mundo que había dejado de ser medieval y comenzaba a tener todas las características del mundo moderno: abierto globalmente con la apertura y el descubrimiento de América, roto por la fractura del protestantismo, y buscando un tiempo nuevo para la sociedad en nuevas formas de entender la acción política…


En esta exposición se recorrerá parte de ese camino, mostrando aquellos textos de la tradición occidental en los que se subraya el valor de la dignidad del ser humano que da fundamento a los derechos humanos tal como los conocemos hoy en día.

 

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Universidad de Navarra
Textos: Idoya Zorroza
Fotografías y diseño: María Calonge e Inmaculada Pérez

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