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La herencia de la Antigüedad | 2

Frente a la enfermedad, el hombre homérico empleó -de forma empírica, mágica y creencial- fármacos, intervenciones quirúrgicas y otros remedios terapéuticos como los ritos catárticos y las palabras o ensalmos. Estos ensalmos o conjuros (epodé) constaban de palabras y de música. Eran cantos terapéuticos que tenían fórmulas rituales con las que se dirigían a la divinidad.

Es frecuente encontrar descripciones de estas prácticas en la Iliada y en la Odisea: “las palabras de Néstor y Patroclo son ejemplo de cómo el decir humano induce a quien las oye contento en el ánimo (Il. XV, 392-94); y Calipso retiene a Ulises hechizándole con palabras seductoras (Od., I, 57).

Pitágoras tiene gran importancia para la historia de la filosofía y de la ciencia. El pitagorismo asumió las antiguas creencias sobre la influencia de la música en el hombre y en los animales, pero perfila una explicación racional para este proceso. La obra de Aristóteles es una fuente importante para conocer el pitagorismo. La filosofía pitagórica sobre la música fue criticada por algunos pensadores como Platón.

En los libros de la Colección hipocrática encontramos referencias a la música como causante y remedio de enfermedades. Su concepción está unida a la teoría humoral o de los cuatro humores que domina el curso de la fisiología y de la psicología médicas hasta casi el siglo XIX.

Esta evolución del pensamiento médico hacia una explicación natural de la enfermedad implicará un cambio en la concepción de la terapéutica. Los médicos hipocráticos rechazaron el uso de ensalmos y cantos que son asociados a una medicina anterior, mágica y creencial. La nueva techné iatriké se apoyó en observaciones y remedios naturales. No obstante, también encontramos el influjo de la música en los libros V y VII de las Epidemias donde se describe que Nicanor: “Cuando se lanzaba a beber, la tañedora de flauta le espantaba; cuando oía en un banquete los primeros sonidos de una flauta, le asediaba el terror; decía no poder apenas contenerse, si era de noche; pero si de día oía ese instrumento, no se alteraba. Esto le duró bastante tiempo” .

Asclepiades de Bitinia (124 a.C.-40 a.C.) sistematizó el recurso de la música para mantener el equilibrio psíquico y tratar las afecciones mentales. Asclepiades llegó a especificar qué modos había que utilizar para cada enfermedad: “A los tristes hay que alegrarlos con melodías de modo frigio, a los frívolos serenarlos con melodías de modo dorio”. Los autores posteriores dirán que empleaba la música para las picaduras de víboras, alacranes,... Este médico preconiza el tratamiento suave de los enfermos, por lo que excluye el uso de la flauta en la terapia musical por ser demasiado estimulante.

Pedacio Dioscórides, cirujano del ejército romano, escribió De materia medica libri sex en el s. I. Debido a su profesión viajó a muchos lugares e incluyó en su obra el resultado de sus observaciones. Su tratado tuvo gran importancia: fue estudiado por médicos griegos, latinos, árabes y cristianos hasta el Renacimiento.

Galeno de Pérgamo (130-200) describe un enfermo que se quejaba de ver y oír continuamente flautistas. Esta referencia parece tomada de la experiencia reflejada en las Epidemias hipocráticas. Lo interesante es la alusión a la flauta como instrumento pernicioso. Alejandro de Tralles (525-605) señala que “hasta el divino Galeno, que creía que las epodai no eran nada, descubrió al cabo del tiempo y de una larga experiencia que tenían gran virtud”.

Las referencias a la música relacionadas con la melancolía serán retomadas en el s. XVI y proceden del libro De melancholia ex Galeno, Rufo, Posidonio et Marcello, sicamii Aetii Libellus.

Universidad de Navarra


Textos: Pilar León Sanz
Música: Charo Lanz
Fotografías y diseño: María Calonge e Inmaculada Pérez
Noviembre 2015

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