Share |

Universidad de Navarra | Biblioteca | Fondo Antiguo | Exposiciones | De la Alquimia a la Química

Orígenes y Alquimia

1. Los Filósofos griegos
Los primeros en preguntarse acerca de la naturaleza de la materia fueron los griegos. Si una piedra puede transformarse en un metal, ¿cuál es su naturaleza, la primera o la segunda? Todo apuntaba a que las substancias han de estar compuestas por alguna materia básica o elemento.Descripción de la imagen Para Tales de Mileto, ese elemento debería ser el agua, abundante e imprescindible para la vida. Otros, como Anaxímenes, razonaron que el aire era el elemento constituyente ya que, según la compresión que se le aplicase, podía dar lugar a líquidos y sólidos. Para Heráclito, el fuego, origen de los cambios sería la sustancia buscada. Finalmente, como recoge Aristóteles [FA 133.052], se pensó en cuatro: tierra, agua, aire (que representarían lo que ahora conocemos como los tres estados de agregación de la materia), a los que se añadió el fuego, principal impulsor de los cambios (la “energía”). Demócrito intuyó que la materia no podría dividirse indefinidamente, y por tanto deberían existir los á-tomos (es decir, “indivisibles”). No obstante, el atomismo fue una teoría muy impopular y prácticamente, con la excepción de Lucrecio, se abandonó durante dos mil años.

2. Egipto y el mundo árabe
Aunque las artes químicas también se desarrollaron de modo paralelo en India y China, en la zona del Mediterráneo, varios siglos antes de Cristo, el pueblo egipcio era experto en química aplicada. El arte de la khemeia, estrechamente ligado a la religión a través de los rituales de embalsamamiento, provocaba recelos que,lejos de disiparse, fueron aprovechados por los practicantes de dicho arte para aumentar su poder. Los siete cuerpos celestes se asociaron a los siete metales conocidos y comenzaron a utilizarse misteriosos símbolos para representarlos y ocultar así el verdadero conocimiento, que quedaba reservado a los magos.
A través de los árabes, la al-kimiya llegó a Europa. El más célebre alquimista musulmán Jabir ibn-Hayyan, conocido como Geber (ca. 760-815) preparó el albayalde y destiló el vinagre obteniendo ácido acético, el más corrosivo de la Antigüedad. Creía que todos los metales estaban formados por mezclas de azufre y mercurio. Se creía que lo único que faltaba para conseguir transmutar unos metales en otros era una substancia desconocida, un al-iksir, que en Europa se llamó piedra filosofal. Por si fuera poco, esta substancia habría de servir para curar todas la enfermedades y conferir la inmortalidad (el elixir de la vida).

3. Europa
El primer alquimista europeo importante fue el escolástico alemán S. Alberto de Bollstadt (ca.1200-1280), conocido como Alberto de Colonia o Alberto Magno [FA 136.578].Descripción de la imagen Además de teólogo, entre sus vastos conocimientos de Filosofía Natural que recogían el saber aristotélico, experimentó con materiales fotosensibles (nitrato de plata) y se le considera descubridor del arsénico. Su discípulo Sto.Tomás de Aquino (1224-1274), doctor de la Iglesia como él, apoyó la teoría hilémórfica (materia y forma) de Aristóteles [FA 133.140].
En España, el Beato mallorquín Ramón Llull (1232-1315) escribe sobre los metales y la alquimia en sus tratados [FA 151.581]. Descripción de la imagenLlegó a atribuírsele incluso la fabricación de oro para Eduardo II de Inglaterra. Se cree que pudo ser también español el falso Geber (s. XIV), el más importante de los alquimistas medievales, que tomó el nombre del antiguo alquimista árabe y fue el primero en describir los ácidos minerales más importantes: el sulfúrico y el nítrico.
Además del interés por la transmutación de los metales, los conocimientos de los alquimistas encontraron su aplicación para fabricar remedios contra las enfermedades, como se recoge en el “Compendium medicinae uniuersae” [FA 161.346]. Aunque el éxito de muchos de los remedios poseía una cierta base científica, no ocurría así en todos los casos. Por ejemplo, la creencia en el poder curativo de ciertas piedras, como el jaspe verde, no es nueva [FA 151.191 (2)].

Universidad de Navarra. Biblioteca | Campus Universitario. 31009 Pamplona. Navarra (Espaņa). Tel. +34 948 425 600

Universidad de Navarra