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Historiador

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Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus estados, Contra lo que Nicolás Maquiavelo y los políticos de este tiempo enseñan.

Este tratado apareció en Madrid en 1595, dedicado al príncipe de Asturias, futuro Felipe III. En el prólogo “Al cristiano y piadoso lector” precisa lo que quiere exponer en las dos partes que forman la obra:
La primera de lo que deben hacer los príncipes con la religión como tutores, defensores e hijos que son de la Iglesia. La segunda de lo que deben hacer para el gobierno político y temporal de sus reinos; y las verdaderas y perfectas virtudes con que para administrarlos bien, y conservarlos, deben resplandecer (Al cristiano y piadoso lector).

Defiende Ribadeneyra una política inspirada en los preceptos cristianos en oposición a la política defendida por Nicolás Maquiavelo en El Principe publicado en 1513 FA 139.155, edición de 1680. Se trata de rebatir con una serie de normas de conducta cristianas la “razón de estado” como argumento que justifica conductas inmorales, oponiendo a la maquiavélica otra verdadera “razón de estado” cristiana. Es por tanto, una obra escrita explícitamente contra la doctrina de Maquiavelo “turbia y ponzoñosa” como se deja ver claramente ya desde el propio título.
Este Príncipe cristiano forma parte de una larga serie de tratados que buscan la educación de los nobles, los llamados espejos de príncipes, conocidos desde la Edad Media. Junto a la obra de Ribadeneyra se incluyen en esta exposición algunos de especial relevancia y distinta entidad, como el libro de aforismos de Álamos de Barrientos Tácito español ilustrado con aforismos FA 136.171 o el importantísimo libro de emblemas de Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe político cristiano EST 307.079 ejemplo de la utilización de las imágenes con el fin de educar a un buen príncipe. En la misma línea estaban la obra de Antonio de Guevara Libro aureo del gran emperador Marco Aurelio: con el Relox de príncipes, de 1529 FA 137.248 dedicado a Carlos V y de gran éxito internacional, Juan de Mariana De rege et regis, 1599 FA 135.102... El gobernador cristiano FA 150.778 de Juan Márquez fue influido directamente por Ribadeneyra, igual que El maquiavelismo degollado de Claudio Clemente y La política española de Juan de Salazar ...
Interpretación especial del tema ofrecería también Quevedo en su Política de Dios y gobierno de Cristo FA 151.280.
Frente a las doctrinas de Tácito “historiador gentil”; Maquiavelo “consejero impío”; Mornay “profano”; Bodino “ni enseñado en teología, ni ejercitado en piedad” opondrá Ribadeneyra los argumentos no solo de la religión, sino también de “toda buena razón” y de “toda buena filosofía”, que apoya en Cicerón, Sócrates, Séneca, Salustio, San Jerónimo, San Agustín o Santo Tomás... Toda una exhibición de erudición histórica en el repaso de reyes, reinos, naciones, autores, fuentes, etc.

A Ribadeneyra le repugna especialmente la utilización de la religión subordinada a fines políticos:
El primero y más principal cuidado de los príncipes cristianos debe ser el de la religión y que la falsa razón de estado de los políticos, que enseña a servirse de ella cuando les estuviere bien para la conservación de su estado y no más, es impía, diabólica y contraria a la ley natural y divina (I cap. 17).

Según la mentalidad de la época, estipula que príncipe no debe consentir herejes entre los católicos, como argumenta en el cap. XXVI del Libro primero “Que los herejes deben ser castigados y cuán perjudicial sea la libertad de conciencia”.

El príncipe debe procurar que todos sus súbditos vivan debajo de una misma fe y religión y que no haya diferentes sectas en sus estados, mas que lo debe procurar con medios suaves y con su vida y ejemplo, y no con espantos y penas. (capítulo XXVI Libro primero). La segunda parte se dedica a las virtudes personales del príncipe, teniendo siempre en cuenta que “fuera de la verdadera religión no ha habido, ni hay verdadera ni perfecta virtud” (capítulo I Libro segundo).

Frente a la idea de Maquiavelo (“no es necesario que un príncipe tenga todas las calidades que habemos dicho, más bien es necesario que parezca que las tiene”) el jesuita insiste en que “las virtudes del príncipe cristiano deben ser verdaderas virtudes y no fingidas, porque a no ser verdaderas no serían virtudes, sino sombras de virtudes” (capítulo I Libro segundo) y acumula argumentos contra la hipocresía maquiavélica (caps. III-IV Libro segundo):
Hay dos artes de simular y disimular: la una de los que sin causa ni provecho mienten y fingen que hay lo que no hay, o que no hay lo que hay; la otra de los que sin mal engaño y sin mentira dan a entender una cosa por otra con prudencia cuando lo pide la necesidad o utilidad.

Virtudes indispensables son la justicia (“sin la justicia no hay reino ni provincia, ni ciudad ni aldea, ni casa, ni familia, ni aun compañía de ladrones y salteadores de caminos que se pueda conservar”), el cuidado de la economía y la preocupación por la riqueza de los súbditos labradores y mercaderes (“Que el príncipe debe procurar que su reino sea rico y abundante y que los labradores y mercaderes sean favorecidos”, capítulo XI Libro segundo), la adecuada selección de los jueces, el cumplimiento de la palabra, la clemencia ( “No hay cosa que haga al hombre más semejante a Dios (como dijo Cicerón, que el perdonar y dar la vida a los hombres”), liberalidad, templanza, prudencia, etc.
Niega, en fin, a Maquiavelo la opinión de que el cristianismo ha quitado a los hombres fortaleza y vigor: si Maquiavelo alaba la valentía de los antiguos acrecentada con la visión de sangrientos sacrificios, Ribadeneyra concluye irónicamente que en ese caso “no habría hombres más fuertes y valientes que los carniceros”.

Historia de la Conquista del Reino de Navarra

Ribadeneyra, Pedro de, Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano ... / escrito por el P. Pedro de Ribadeneyra ..., Con Real Permiso en Madrid : En la Oficina de Pantaleón Aznar, 1788. FA 151.867

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