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1212 Las Navas de Tolosa

La Península hacia 1212

EL CONTEXTO HISTÓTICO >> Cronología | La Península hacia 1212

Para entender el choque armado que tuvo lugar en verano de 1212 en las tierras jiennense del paraje de las Navas de Losa o Tolosa, se requiere una visión retrospectiva de la trayectoria política hispana al menos desde finales del siglo XI. Sólo de esta forma, se comprenderá la minuciosa trama de circunstancias que se entretejieron en la Península Ibérica, escenario de distintas realidades sociopolíticas, bajo el paraguas bipolar de la civilización cristiana occidental y el Islam
La caída del califato de Córdoba (1031) y la debilidad de los reinos de taifas, en los que quedó fragmentado Al-Andalus, trajeron consigo una mayor iniciativa militar de los reinos cristianos del norte, al compás de los impulsos de un desarrollo a nivel continental. La fragilidad y el descrédito político de las entidades musulmanas cuajaron en el “régimen de parias”, contribuyendo a su desgaste económico y la puesta en práctica de una estrategia de acoso que a medio y largo plazo depararía importantes conquistas en el valle del Ebro y Tajo, e incursiones dentro de las tierras andalusíes. La llegada de los Almorávides y la derrota de Zalaca (1086) de Alfonso VI contrajeron momentáneamente la iniciativa de las conquistas de los reinos de Castilla y Aragón.
Al mediar la siguiente centuria, la entrada de los nuevos aires norteafricanos con los Almohades (1147) y la muerte de Alfonso VII (1157), dibujaron un nuevo panorama que ensombrecía las posibilidades de intervención cristiana directa más allá de las líneas de frontera, como la etapa precedente. Así, desde el flanco más occidental, al sur del Tajo, como en el oriental, en las cabeceras y cuencas altas del Guadalquivir y Segura, peligraban las conquistas en contacto con el Islam. No obstante, la situación de oposición del rey Lobo de Murcia, Muhammad ibn Mardanish (†1172), en el Levante y sureste peninsular, con el apoyo militar castellano, frenaron la construcción de una realidad política monolítica, y posibilitó el ataque, por ejemplo, de las huestes portuguesas al sur del Tajo (Trujillo, Évora, Cáceres). Por otro lado, el reino de León, que había perdido su capacidad de expansión reconquistadora, pasó a maniobrar diplomáticamente al lado del poder andalusí.
La desunión de Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón en la empresa de expansión, que se observa desde el último tercio del siglo XII, marcaría la tónica de la política hispana hasta casi el mismo año de 1212. La defensa de sus intereses, el establecimiento de las bases fronterizas y los ajustes territoriales, así como las renovaciones nobiliarias obligaron a mantener pactos con los norteafricanos, rota según las circunstancias, como en la conquista de Cuenca (1177), gracias a la desestabilización almohade del norte de África y al acuerdo de cooperación de los reyes cristianos.
La intervención de Roma sería crucial para la unidad hispana. Clemente III, poco después Celestino III, y por último Inocencio III fueron piezas claves, si bien en muchas ocasiones sus consejos y ruegos epistolares eran desoídos en las cortes cristianas. Así, dentro de un contexto mediterráneo, donde estaban menguando los Estados Latinos en Tierra Santa, la lucha contra el infiel formaba parte esencial del programa de dirección pontificia.
A pesar de esos primeros esfuerzos, y con el recuerdo de la pérdida de Jerusalén, nada se pudo hacer ante la afrenta militar de Alarcos (1195). Por ello, desde esa misma fecha hasta la victoria de las Navas de Tolosa, la actividad diplomática romana fue intensa en orden a conseguir no sólo la unidad de las monarquías castellana, leonesa, aragonesa y navarra.

 

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