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La Conquista

Tras el fallido intento de recuperación, la tensión entre Francia y España fue creciendo paulatinamente. El 17 de junio de 1516 moría el rey Juan de Albret y pocos meses después, el 12 de febrero de 1517 fallecía la reina Catalina de Foix. Quedaba como heredero su hijo primogénito, Enrique II.

Entre 1516 y 1518 se sucedieron las conversaciones entre los represantes de los reyes navarros y los de Carlos I, conforme a lo pactado entre el Habsburgo y el Valois en el tratado de Noyon de 13 de agosto de 1516. De esta forma se celebraron conferencias en Bruselas, Cambrai, Valladolid, Aranda de Duero, Zaragoza, Montpellier, en las que los representantes castellanos se negaron en todo momento a un compromiso que significara la devolución del reino navarro a los Albret.

Así las cosas la elección de Carlos como emperador del Sacro Imperio Germánico el 28 de junio de 1519 precipitó la ruptura con Francia. La guerra que se inició tuvo como frentes el ducado de Milán, los Países Bajos y Navarra. Para ello Francia quiso aprovechar la inestabilidad que se vivía en Castilla como consecuencia de la rebelión comunera. El 10 de mayo de 1521 una expedición franco-navarra comandada por Andrés de Foix, señor de Asparrós, ponía sitio y ocupaba San Juan de Pie de Puerto.

Poco después, el 16 de mayo, se hacía con el control de Roncesvalles, y del castillo de Maya, y el 19 de mayo el ejército se encontraba, sin oposición alguna, a las puertas de Pamplona, que acababa rindiéndose y capitulaba el 21 de mayo. La guarnición castellana del castillo, mal pertrechada, tuvo que entregarse sin apenas lucha.

Tomada Pamplona, el reino pasó a estar bajo el control del señor de Asparrós. Este avanzó con sus tropas, asaltó Los Arcos territorio castellano en estos momentos y puso sitió a la ciudad de Logroño. Sin embargo, derrotados los comuneros en la batalla de Villalar de 23 de abril de 1521, todo el ejército imperial se puso en marcha para levantar el asedio de la capital riojana y para iniciar la recuperación del reino de Navarra que se había demostrado vital para la seguridad de Castilla.

Las tropas de Asparrós incapaces de continuar con el asedio de Logroño comenzaron su retirada hasta asentar sus reales en las cercanías de Noain. El ejército castellano, a marchas forzadas, llegó a cruzar la Sierra del Perdón, cerrando el camino de las tropas francesas hacia Pamplona y buscando el enfrentamiento definitivo en campo abierto.

El 30 de junio de 1521 tenía lugar la batalla de Noain-Esquíroz que dio la victoria a los ejércitos castellanos. Poco tiempo después la práctica totalidad del reino pasaba a estar bajo control de Castilla. Dos reductos importantes quedaron en manos de fuerzas franco-navarras: en octubre de 1521 una expedición al mando de Guillermo Gouffier, señor de Bonnivet tomaba por sorpresa las fortalezas de Maya y de Fuenterrabía. La primera, Maya, tras una heróica resistencia se rendía el 19 de julio de 1522. El 29 de febrero de 1524 caía Fuenterrabía.

Se ponía así fin al intento más importante que llevaron a cabo los Albret de recuperar su trono. Carlos V, a partir de entonces, procuró atraerse a los miembros de la facción agramontesa. Un primer perdón, de 15 de diciembre de 1523, excluyó de la amnistía a ciento cincuenta de sus miembros muchos de los cuales guarnecían Fuenterrabía. Una nueva amnistía, de 29 de abril, de 1524, tras la toma de Fuenterrabía, fue mucho más amplia y dio lugar a que los principales jefes del bando agramontés juraran fidelidad a Carlos I en Burgos, el 3 de mayo de 1524.

La recuperación de Navarra fue un éxito de la campaña militar de Carlos I contra Francisco I, que continuaría después con la victoria de Pavía de 1525 que daba al emperador el control del ducado de Milán. El abandono de Carlos V de Ultrapuertos en 1527 supondría el establecimiento de una frontera entre ambas monarquías.

Los Albret se hacían con el control de la llamada Baja Navarra, y gracias a ello el título de reyes de Navarra, que posteriormente pasaría a formar parte de la relación de dignidades de los monarcas de Francia cuando uno de sus sucesores, Enrique de Borbón nieto de Enrique II de Albret e hijo de Juana de Navarra y Antonio de Borbón , se convirtió, en 1589, en rey de la monarquía de San Luis.

Las seculares rivalidades entre las dos facciones de agramonteses y beaumonteses continuaron; más como escribió el cronista Francisco de Alesón, en ellas “no tuvieron parte las espadas, en que la justicia, poderosa ya, tenían puesto entredicho, sino las plumas, que no sacan sangre”. No sería hasta 1628 cuando una real cédula del rey Felipe IV pondría fin a la existencia de las dos parcialidades.

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