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La Conquista

Para comprender la conquista de Navarra en 1512 es necesario conocer previamente la situación interna que vivía el reino y las relaciones internacionales de la Europa del momento.
En el contexto internacional dos grandes potencias, la Francia de Luis XII y la Monarquía Hispánica, regida por Fernando el Católico, rey de Aragón y regente de Castilla luchaban por lograr la hegemonía en el continente. En este conflicto Italia era el principal campo de batalla en el que ambas dirimían sus diferencias tanto por el control del reino de Nápoles como del ducado de Milán.Mapa de Europa

Entre 1510 y 1511 en el conflicto abierto entre Luis XII de Francia y la coalición de la república de Venecia y el Papa, fue el rey de Francia el que logró los mayores éxitos militares. Además, para presionar a la Santa Sede, el francés convocó un concilio en la localidad de Pisa (inaugurado en noviembre de 1511) con el fin de limitar la autoridad papal en la Iglesia y en Italia. Como reacción, el Papa Julio II, preocupado por la rápida expansión de los franceses en el Norte de Italia y el consiguiente freno a las aspiraciones papales de controlar la península, impulsó la creación de una Santa Liga contra Francia, de la que formaron parte los Estados Pontificios, la república de Venecia, el Sacro Imperio Germánico y España, y a la que se sumó poco después la Inglaterra de Enrique VIII. Julio II, además del éxito que supuso la formación de esta coalición, excomulgó al rey de Francia y amenazó con el anatema a todos aquellos que se aliaran con Luis XII.

A pesar del éxito que supuso para las tropas francesas la victoria en la batalla de Rávena (11 de abril de 1512), la muerte de su general, Gastón de Foix, dio lugar a un progresivo deterioro de las posiciones francesas en la península y la pérdida del ducado de Milán (junio de 1512) que pasó a manos de Maximiliano Sforza, convertido en el nuevo duque. Mientras estas campañas militares se desarrollaban en Italia, otro de los frentes fue el Pirineo Occidental. Allí tropas anglo-castellanas se aprestaban para invadir la Guyena francesa. Esta circunstancia sirvió a Fernando el Católico para presionar a los reyes navarros y exigirles el paso de sus tropas por su territorio.

En el interior del reino la situación distaba de ser tranquila. Las luchas banderizas entre beaumonteses y agramonteses por el control del poder, que se habían iniciado a mediados del siglo XV continuaban vivas. En 1507 como reacción a las cada vez mayores presiones y pretensiones de los beaumonteses los reyes Juan y Catalina consiguieron doblegarlos y expulsarlos del reino, mientras se apoyaban en los dirigentes de la facción agramontesa.

No obstante ni a Fernando el Católico ni a Luis XII podía interesar un reino pirenaico fuerte. Luis XII presionaría a los reyes navarros con la amenaza de privarlos de los feudos franceses de la casa de Foix y así lo hizo en enero de 1510 y de entregarlos a otra rama de la familia encabezada por Gastón de Foix (el héroe de Rávena). Por su parte, Fernando el Católico, deseaba establecer un protectorado castellano sobre el reino, apoyado en los beaumonteses, para frenar así la amenaza francesa sobre Castillla.

Durante varios años Juan y Catalina lograron sortear la presión de ambas potencias mediante lo que José María Lacarra llamó “política de balancín”. Sin embargo, a la altura de 1511-1512 la posición de los monarcas navarros era ciertamente difícil. Luis XII supo jugar sus cartas: la muerte de Gastón de Foix en la batalla de Rávena suponía que los bienes de la casa de Foix eran heredados por Germana de Foix, esposa de Fernando el Católico, lo que el francés no estaba dispuesto a permitir. Esta circunstancia sirvió para que el monarca francés se atrajera definitivamente a Juan y Catalina: el 18 de julio de 1512 ambas partes firmaban el tratado de Blois: Luis XII se comprometía a devolver a los navarros las posesiones de la casa de Foix y les reconocía su soberanía en el Bearn; a cambio los navarros se comprometían a no dejar pasar por sus tierras a aquellos ejércitos que pretendieran atacar al rey de Francia, lo que venía a romper la neutralidad a la que hasta entonces habían aspirado. Fernando el Católico no desaprovechó su oportunidad.

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