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La
relación de dieta, salud y medicina es clara en la tradición
antigua que la Edad Media y el Renacimiento asumirán y glosarán.
Si la medicina se entiende como la ciencia que busca la salud del cuerpo
humano (tanto con el objetivo de conservarla como para recuperarla cuando
ésta se pierde), una parte importante de ella hará referencia
a los alimentos y bebidas.
En
efecto, entre las cosas relativas al cuerpo están las naturales (a
saber, las que pertenecen al propio cuerpo, como sus elementos, humores
o los fluidos en que se compone el cuerpo humano, partes, facultades, espíritus)
que configuran una identidad e individualidad (física, temperamental,
de complexión, etc.) de cada uno, como lo que actúa contra
ellas (la enfermedad, por ejemplo), y finalmente las que no siendo parte
del cuerpo (partes no-naturales) son necesarias para su subsistencia (aire,
comida, bebida, sueño, vigilia, movimiento y quietud), en la adecuada
selección (dependiendo de su cualidad) proporción y cantidad
para que con ellas se conserve su vida.
Así la dieta se establecerá según una razón
común o general, pero sobre todo según una forma particular
que atenderá a la naturaleza, fisiología, edad, complexión,
carácter, y circunstancias (incluyendo el tono emocional) que atañen
a la persona concreta.

Sin embargo, la relevancia de la alimentación no sólo ocupaba
los tratados médicos y de filosofía natural de este periodo;
la búsqueda, mediante un régimen sobrio de vida, de una vida
dedicada al estudio y la oración, están detrás de la
redacción de opúsculos y tratados que se desarrollan sobre
este tema. .