“Deleitando enseña”. ¿Cabe encontrar un título más adecuado, no sólo para la exposición cuyo catálogo aquí se presenta, sino para la propia tarea docente? Sólo quien deleita y se deleita enseñando consigue que de verdad se aprenda. El gozo en la transmisión del saber es el engarce entre quien enseña y quien aprende, donde se realiza ese “ayuntamiento de maestros e de escolares que es fecho en algún lugar con voluntad e entendimiento de aprender los saberes”, como sentenció el rey Sabio. Por otra parte, al enseñar se aprende, y la común participación en el afán de saber constituye el alma y la razón de ser de la institución universitaria, lo que la hace fecunda y asegura su permanencia a través de los siglos.

   
Los emblemas, de los que aquí se ofrece una pequeña pero significativa muestra, buscan precisamente ese objetivo, y sin duda lo consiguen. Por eso, no es de extrañar que se hayan utilizado con éxito durante mucho tiempo en la educación y que la idea perviva en los diversos modos de propaganda y publicidad de hoy día. Es cierto que al contemplar algunos de los bellos emblemas que el lector encontrará en estas páginas, el detallismo y minuciosidad de los dibujos y grabados parecen muy alejados de este tiempo nuestro en el que el minimalismo, la sobriedad de líneas y la composición esquemática se imponen y marcan el gusto de la época. Pero la idea de fondo perdura. El aspecto pictórico pone de manifiesto diferencias evidentes entre el antes y el ahora, debidas a los diversos estilos artísticos dominantes en cada momento histórico, pero coinciden en reflejar la mentalidad y el gusto de su respectiva época, dándola a conocer de modo más completo. De manera análoga, el aspecto literario y textual que,
sabiamente combinado con la imagen, compone el emblema, nos permite desentrañar las ideas de fondo vigentes en un determinado periodo histórico. Resulta entonces que los lemas y sentencias del Renacimiento y del Barroco, situados en su contexto, no son tan ajenos a los eslóganes que la publicidad actual nos propone en sus sugestivos carteles, etiquetas, rótulos y anuncios, que configuran un nuevo paisaje, superpuesto al natural, hasta constituir una parte indisociable de nuestra vida cotidiana. Es como si el Barroco, con su vistosidad y fuerza expresiva, con su búsqueda del exceso visual, se hubiera adelantado en unos siglos a la sociedad de la imagen en la que vivimos. Imagen de la que es ya lugar común afirmar que vale más que mil palabras. Y, si esto es verdad, no lo es menos que, si en lugar de mil, se acompaña de unas pocas, concisas y bien compuestas, incrementa entonces su valor de simple imagen y se reviste y enriquece con un pensamiento formulado en expresión certera, redonda, plena. No otra cosa es, en realidad, el emblema, y lo continúa siendo en las renovadas formas y los variados aspectos que adopta en cada época.
   
Se advierte entonces que la emblemática, un género desconocido para tantos y como tal ya desaparecido, pervive bajo nuevas formas de expresión. No puede ser de otro modo, porque lo simbólico, que está en la base de cualquier emblema, es algo connatural al ser humano que, al mismo tiempo que le sitúa frente a sus límites, le impulsa a superarlos. El emblema, como el símbolo, sugiere e insinúa, actúa como palanca que lleva más allá de sí y apunta a algo más profundo que lo patente y manifiesto. Es puerta que abre a nuevas dimensiones de la realidad, quizá hasta entonces escondidas para muchos, y hace posible captarlas, merced a esa admirable conjunción de pensamiento, imagen y palabra. Estos tres elementos, actuando al unísono, son un destello del ingenio humano, capaz de concretar de modo plástico y preciso la exuberante complejidad de lo real que nos excede, y que ninguno de ellos aisladamente puede expresar con solvencia.
    La lección de emblemática que esta exposición pretende y anuncia en su título, no posee sólo el carácter técnico y erudito que se desprende del tema que la Sociedad Española de Emblemática ha elegido para su VII Congreso: «Emblemática Trascendente: hermenéutica de la imagen, iconología del texto».
Sin olvidar esa finalidad, quizá sólo al alcance de los especialistas más versados, considero que la exposición constituye también una lección de humanidad que “deleitando enseña” acerca de esas cuestiones verdaderamente centrales para nuestra existencia de las que los emblemas se ocupan y desarrollan con brillantez, ingenio y belleza, invitando a la reflexión, esto es, estimulando a comprender el significado profundo de la humana condición.

    Los profesores José Javier Azanza, del Departamento de Historia del Arte, y Rafael Zafra, del Grupo de Investigación Siglo de Oro —miembros del  “Consejo Asesor” de la Sociedad Española de Emblemática— propusieron realizar una exposición con motivo de la organización en la Universidad de Navarra del VII Congreso de la Sociedad Española de Emblemática en diciembre de 2009. La propuesta, que incluía su generoso ofrecimiento para organizarla, fue aceptada con mucho gusto por el Servicio de Bibliotecas, que se prestó a colaborar en lo que fuera preciso. A ellos y a Belén Galván y María Calonge, de la Sección de Fondo Antiguo del Servicio de Bibliotecas, expreso aquí mi agradecimiento por su trabajo y mi sincera felicitación por el magnífico resultado, del que esta exposición es testimonio.


Víctor Sanz Santacruz

Director de la Biblioteca de la Universidad de Navarra



 

Prólogo