3. La Historia de la Imprenta Nacional de Navarro Villoslada
El
20 de noviembre de 1857 Navarro Villoslada fue comisionado por el gobierno
de Bermúdez de Castro para estudiar el estado de la imprenta y el
arte tipográfico en diversos países europeos, con el objetivo
de proponer mejoras en España. Fruto de ese viaje fue la redacción
de su Historia de la Imprenta Nacional comparada con las del Estado
en París y Viena. A su regreso, Navarro Villoslada entregó
su informe al Gobierno, y a pesar del interés del autor en que se
dieran a conocer los resultados de su investigación, su estudio no
llegó a publicarse. Después, el escritor debió de seguir
trabajando en su Historia, pues la versión conservada va
firmada al final en Madrid, a primero de diciembre de 1881. En cualquier
caso, sí que aprovechó parcialmente sus notas y la información
recopilada para publicar, en los años 60 y 70, una serie de artículos
divulgativos relacionados con la imprenta, el arte tipográfico y
la historia del libro en España, que salieron en El Pensamiento
Español, El Siglo Futuro y La Ilustración
Española y Americana.
La
Historia de la Imprenta Nacional de Navarro Villoslada se organiza
en tres partes, delimitadas por fronteras cronológicas: de 1756 a
1808; de 1808 a 1857; y de 1858 a 1880, partes que se completan con unos
capítulos a modo de conclusión:
I. ¿Debe tener el Estado imprenta propia?
II. Que las imprentas del Estado bien organizadas no ejercen monopolio.
III. Reorganización de la Imprenta Nacional. Lo que puede ser hoy,
lo que debe ser mañana.
Hay que señalar que su descripción y sus comentarios no son
exactamente los de un técnico especializado, sino los de un interesado
culto con inclinaciones literarias. Eso no significa que no se haya informado
ni que sus datos carezcan de fiabilidad o valor objetivo. Como señala
en la introducción, realiza una labor previa de examen documental
de primera mano («Metido estaba en faena examinando legajo por legajo,
papel por papel, tomando notas y sacando apuntes en cuartillas sueltas que
luego clasificaba y ordenaba»), y utiliza sin duda todo tipo de papeles
originales («he escrito este libro, y como está hecho en gran
parte con datos que el Gobierno me permitió tomar en oficinas del
Estado…»), entre ellos estadillos de cuentas, escalas salariales,
contabilidades de bienes, etc., que le permiten a menudo ofrecer curiosas
tablas contables de retribuciones y gastos, material al que se muestra muy
aficionado, deseoso, sin duda, de consignar estos datos que considera importantes
y dignos de conservarse, teniendo en cuenta sobre todo el estado caótico
de los archivos españoles.
La ausencia de esta clase de datos o de otros muchos que se hallan en libros de enfoque más especialista como pueda ser, por ejemplo, la Tipografía española de fray Francisco Méndez, no se debe totalmente a la falta de formación profesional en las artes gráficas y sus secretos, sino a la idea general de la obra, a su enfoque y estilo, no exento de cierto tono divulgativo y de propósitos que pudiéramos llamar patrióticos, en los que entran tanto un proyecto de mejora como una reivindicación de la producción impresa nacional, y por tanto de la cultura española. Los detalles que aporta Navarro Villoslada (nombres, fechas, sucesiones cronológicas, cantidades, etc.) son, por lo general, de una gran fiabilidad, y los errores que comete responden al estado de la investigación en su tiempo, pues se halla perfectamente al tanto de lo que se sabe en el momento de escribir su memoria.