
RONCESVALLES.
Colegiata de Santa María.
Evangeliario.
Localización.
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Una de las piezas singulares del tesoro de Roncesvalles, y de la orfebrería medieval navarra, lo constituye el Evangeliario (29'3 x 20'3) de plata parcialmente dorada. Se fecha en el segundo cuarto del siglo XIII siendo un ejemplo del tránsito del Románico al Gótico. Está cronología coincide con el priorato de don Lope (1234-1253), uno de los regidores más brillantes de la Colegiara. Esta pieza evoca de nuevo el paralelismo entre el cabildo de la Catedral y el de la Colegiata ya que ambas instituciones disponían de este rico objeto litúrgico, en el que se aúnan valores artísticos con otros históricos. En efecto, sobre el Evangeliario de Roncesvalles juraban el cargo los nuevos priores, y en alguna ocasión cuando faltaba el obispo lo hicieron los reyes de Navarra en su consagración, tal es el caso de doña Catalina y don Juan (1494).
El Evangeliario ha llegado a nuestros días con ligeras transformaciones y muy deteriorado, si bien en 1989 se hizo un respetuoso trabajo de conservación. Las cubiertas tienen forma rectangular y en ellas está representado el Pantócrator y el Crucificado. El primero, con el rostro totalmente deteriorado, está enmarcado en una almendra romboidal, que da paso al Tetramorfos perfectamente ajustado a los ángulos. Dios Padre está sentado en un banquillo con cojín, bendiciendo y sosteniendo un libro en el que está escrito alfa y omega. Su otra cubierta está presidida por un Crucificado de cuatro clavos, con faldellín hasta la rodilla que se recoge en pliegues circulares en torno a la cintura en contraste con los de la caída de la tela que son angulosos. Especial detenimiento merece el rostro, suavemente inclinado que sintetiza la expresión de serenidad majestuosa del románico con una sutil manifestación de dolor propia ya del gótico. En los ángulos de la parte superior de la cruz se dispone un altorrelieve con busto femenino sosteniendo un creciente, clara figuración de la luna, y que tendría su correspondiente simétrico en el sol, si bien actualmente su lugar lo ocupa un relieve con el símbolo de San Marcos, relacionable con los relieves de la arqueta, estudiada en segundo lugar. Otro elemento de interés en el Evangeliario, además de lo figurativo, lo constituye la decoración, trabajada a base de filigrana, de roleos, enriquecida por piedras engastadas, que sirve para delimitar espacios, bien bordeando las tapas, bien las figuras protagonistas. En cuanto al origen de la pieza se ha propuesto la posibilidad de que se hiciera en algún taller navarro, dada la similitud estilística y formal que presenta alguna de las figuras con la escultura monumental local.