PAMPLONA
Parroquia de San Miguel.
Retablo mayor.
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El retablo catedralicio que hoy preside la Parroquia de San Miguel constituye una pieza sobresaliente de la retablística hispana. Fue encargado por el obispo de Pamplona don Antonio Zapata en 1597 según la inscripción que figuraba en el pedestal que ha desaparecido al platero Velázquez de Medrano, quien dio la traza guardando correspondencia con el templete de plata encomendado por el obispo al mismo platero y que estaba destinado a servir de expositor ante el retablo y a salir en procesión en la fiesta del Corpus Christi. De hecho fue estrenado en la procesión de 1598. Ambos encargos se constituyen en las principales empresas artísticas del obispo en la catedral de Pamplona a las que habría que unir la ampliación de la sacristía de los canónigos. El retablo, inspirado en el de El Escorial, fue ejecutado por el ensamblador Domingo de Bidarte y el escultor Pedro González de San Pedro.

Presenta el retablo una traza ochavada para adaptarse a la capilla mayor catedralicia y se alza a una gran altura, lo que permitía el templo gótico. Monta sobre un banco no muy alto -ha desaparecido el pedestal pétreo -encima del cual se alzan tres cuerpos y un ático. Esto produce un aligeramiento de la parte alta del retablo que se acentúa con la única caja del ático. Rige en el retablo la superposición de órdenes, jónico en el primer cuerpo y corintio en los dos restantes pero falta en cambio el orden dórico con su correspondiente friso de la traza de Herrera. Las columnas de fuste estriado son pareadas y se apoyan en pedestales cúbicos que quedan en resalto. Esta duplicación del soporte es otra variante respecto del retablo de El Escorial donde son simples. Hay, en cambio, en ambos retablos un predominio de las estructuras arquitrabadas ya que no se recurre al arco de medio punto más que para albergar el templete ostensorio. Las líneas horizontales de los entablamentos no se interrumpen con frontones sino que quedan limpias; únicamente un frontón triangular cubre el espacio reservado al templete, todo lo cual parece indicar que en la catedral se ha hecho una adaptación de un nuevo tipo de retablo, el de El Escorial, sustituyendo las pinturas por escenas en relieve más de acuerdo con la retablística regional.

En el banco se inscriben tableros rectangulares con escenas de la Pasión -Oración en el huerto, Flagelación, Cruz a cuestas y Santo Entierro- entre relieves de los cuatro Evangelistas, más San Antón y San Francisco de Asís. El primer cuerpo está reservado a las esculturas de bulto de San Pedro y San Pablo, apóstoles príncipes de la Iglesia y a dos escenas en relieve de la Imposición de la casulla a San Ildefonso y de este santo, Santa Leocadia y Recesvinto cortando el velo, dos temas toledanos que deben explicarse por ser devociones particulares del obispo que había sido con anterioridad canónigo e Inquisidor en Toledo.

El segundo cuerpo está dedicado a la Virgen que es la titular de la catedral de Pamplona. El friso que da paso a este cuerpo se ocupa con los cuatro Padres de la Iglesia recostados. En las cajas extremas se hallan las esculturas de dos obispos, uno de ellos con hábito negro y sobrepelliz que debe de ser San Agustín por cuya regla se regían los canónigos de Pamplona -para otros podría ser San Ildefonso- y el otro revestido con casulla roja como corresponde a los mártires, debe de representar a San Fermín, patrono de Navarra.

El tercer cuerpo glorifica a San Pedro cuya imagen sedente en cátedra ocupaba la caja central hasta ser sustituida por una de San Miguel moderna para adecuarse a la advocación de la parroquia. La presencia de San Pedro en cátedra se explica aquí, en el primer templo de la diócesis, como acatamiento a la autoridad del papado puesta en entredicho por los luteranos. A ambos lados están situadas la escultura de Moisés con las tablas de la ley y otro joven profeta, que pueden significar la Antigua ley y la Nueva ley. Culminan los extremos de este segundo cuerpo sendos mancebos desnudos recostado sobre escudos con las armas de Zapata: cinco chapines jaquelados orlados por escudetes con banda terciada. El friso que da paso al ático está centrado por el relieve de la Crucifixión de Cristo entre dos tableros con la Fe y la Fortaleza. Por último, el Calvario y el busto del Padre Eterno bendiciendo sobre el frontón culmina el conjunto.

En definitiva, un programa de contenido contrarreformista que reúne la función de la catedral como primer templo sometido a la autoridad del papado -San Pedro- con la dedicación a María -Asunción, Coronación- a las propias devociones del obispo, tanto familiares -San Antón y San Francisco de Asís- como las de origen toledano ligadas a la biografía de Zapata . La escultura, de calidad, se inscribe dentro del clasicismo con algunas composiciones de un romanismo contenido y frío y otras nuevas de otra procedencia. La excelente policromía que conserva el retablo contribuye a resaltar sus méritos.