MURUZÁBAL.
Iglesia de Nuestra Señora de Eunate.
Exterior.
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La arquería octogonal irregular que envuelve la iglesia de Nuestra Señora de Eunate resulta bastante compleja. Un primer problema a dilucidar seria si dicha estructura con la disposición poligonal que adopta es contemporánea de la iglesia o responde a un momento posterior. Para algún autor; la arquería sería mucho más reciente que la iglesia, conclusión a la que llega porque tan solo una parte de la misma es antigua: en efecto, tres de las ocho series de arcadas están sostenidas por columnitas gemelas con capiteles románicos, mientras que en las otras cinco las columnas son sustituidas por pilares. En consecuencia, el pórtico tal y como hoy lo conocemos habría sido edificado en la misma época a la que pertenecen la mayor parte de sus tramos, quizá en el siglo XVII; los capiteles que lo componen serían restos reutilizados de una construcción más antigua, un claustro probablemente, que habría desaparecido en un momento posterior; y cuya disposición de ninguna manera pudo haber sido la del pórtico actual. Sin embargo, la mayoría de los especialistas descartan esta posibilidad, y consideran que el claustro con su disposición actual es coetáneo del edificio, y estuvo constituido en todos sus paramentos por columnas y capiteles semejantes a los que se conservan. En todo caso, en el siglo XVII se habría llevado a cabo una reconstrucción del mismo, debido a que parte de los arcos y columnas se encontrarían desmoronados y amenazarían ruina, por lo que, respetando los que se encontraban intactos, se reestructurarían los restantes con arreglo a las prácticas constructivas del momento, pero teniendo siempre presente la ordenación octogonal primitiva. Un nuevo hallazgo documental parece consolidar definitivamente esta segunda hipótesis: se trata del pleito entablado en 1654 por Juan Galbán, maestro cantero vecino de Ezcároz, contra los mayordomos de la cofradía y ermita de Euna-e, en términos de Muruzábal, sobre el pago de la obra de cantería que dos años atrás el demandante había realizado en la ermita; la obra consistió en rehacer 17 arcos y 7 pilares que estaban caídos, labor que fue tasada en 3.285 reales por Pedro Palear Fratín y Pedro de Bergerandi. Por lo tanto, parece claro que en el siglo XVII se llevaron a cabo labores de cantería, pero en ningún momento se trató de ejecutar una nueva obra, sino simplemente de reconstruir una estructura ya existente que se encontraba parcialmente derruida.

Es uno de los márgenes de la carretera de Puente la Reina a Campanas, aislado en medio del campo, se emplaza este sorprendente edificio románico construido en la segunda mitad del siglo XII, hacia 1170, cuya originalidad viene proporcionada por tratarse de una construcción de planta central, relacionándose así con otros edificios contemporáneos como la iglesia de Torres del Río, la cual adopta la misma tipología y cumplió, al parecer, una idéntica función, al servicio de los peregrinos del Camino de Santiago, en este caso como cementerio.

El edificio presenta una planta octogonal de lados ligeramente desiguales en cuyo eje principal se disponen la puerta de ingreso y el diminuto ábside semicircular al interior y poligonal al exterior en tanto que en el eje transversal a éste se abre por el lado norte una segunda portada que constituyó el acceso principal.