CIGA.
Parroquia de San Lorenzo.
Exterior.
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El exterior de la parroquia de San Lorenzo de Ciga, aunque de dos momentos diferentes, está perfectamente integrado y cuidadosamente elaborado. Los muros perimetrales de la nave e incluso el hastial reforzado con contrafuertes están construidos con mampostería, mientras que las sacristías, pórticos y fachada ofrecen un sillar rojizo perfectamente escuadrado. Son varias las peculiaridades de estos exteriores, una el que la fachada se plantee tras el muro de la cabecera y otra la amplitud del espacio porticado o procesionario que envuelve al templo, desde los pies, girando por los dos laterales aunque sin abarcar toda la longitud de la nave, espacio éste muy dignamente tratado, al extenderse sobre él una bóveda de aristas en la que cada tramo está separado por arcos fajones de sillar que apoyan en ménsulas.

Aunque la unidad formal de este conjunto es evidente, los datos documentales indican que hay dos momentos constructivos. En efecto en la tasación de 1603 se concreta, entre otras cosas que se cubrió la torre, se alzaron los dos atrios laterales que servían de cementerio y se cerraron. Sin embargo estos atrios laterales debían ser bastante sencillos ya que en 1783 Santos Angel de Ochandátegui proyecta las escaleras «...un procesionario y cubierto a su circunferencia...ordenándolos con el mismo frontispicio y forma que tiene la puerta antigua que es de buen estilo» es decir, que es en ese momento cuando se hicieron los actuales pórticos laterales y la gran escalera de acceso. El maestro de obras fue el cantero Pedro de Arraurrechea, elevándose el coste a 37.128 reales y 29 maravedíes que envió desde Guatemala don Fermín de Ayciñena, natural de la casa Aldecoa en Ciga.

La fachada que se proyecta hacia la plaza a través de la gran escalinata, ofrece la sobriedad de línea propia de lo herreriano, acorde con los años de su conclusión 1597-1603. No obstante, por un lado, el análisis detallado de su aspecto actual, sus proporciones demasiado alargadas, la variación de algunos elementos formales como el tipo de imposta, molduras del coronamiento y por otro la lectura de la documentación, nos hace pensar que las alas exteriores de la fachada que conectan con los pórticos laterales se añadieron en 1783, en las obras proyectadas por Ochandátegui quien desde luego se adaptó fielmente a la fachada original que se corresponde con el actual cuerpo central. Está organizado con un pedestal sobre el que se eleva un cuerpo de tres calles separadas por un orden gigante de columnas la central y pilastras las laterales, en ambos casos con capitel dórico. Cada calle compone la parte inferior con arcos de medio punto, con decoración vegetal en la clave igual a la de la torre, correspondiendo el central al acceso y la superior con una ventana recta separadas una y otra por una faja corrida Sobre los capiteles apoya el friso liso y la cornisa de remate que da paso al coronamiento, un frontón triangular sobre el cuerpo central y una balaustrada sobre los laterales arreglada en el siglo XIX. Las alas laterales que completan la visión actual de este frontispicio repiten prácticamente los elementos del cuerpo central, es decir, basamento, aquí de más envergadura, arco, pero con clave lisa, faja corrida y ventana, por último el friso y cornisa presentan distinta molduración a la del cuerpo central y carece de la balaustrada de remate. La torre forma parte del frontis al elevarse sobre la calle central. La actual, concluida en 1823, sustituye la primitiva del siglo XVII que la arruinó un rayo en 1821. Consta de un basamento ochavado que aloja el reloj donde apoya el cuerpo de campanas cuyos frentes están flanqueados por pilastras de capitel jónico y guirnaldas. Como remate se alza una cúpula de paños.