
TAFALLA.
Parroquia de Santa María.
Retablo Mayor.
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A la cabecera de la parroquia de Santa María de Tafalla adosa un monumental retablo mayor, que constituye una de las muestras más notables del Romanismo navarro. Su historia se remonta al año 1581, cuando Juan de Anchieta, el más importante escultor romanista del norte de España, contrata la ejecución del sagrario, que estaba concluido en 1583 según la carta de pago que otorgaron tanto el artista como los patronos y responsables de la parroquia. De inmediato se procedería a la realización del retablo, en el que trabajó Anchieta hasta su muerte en 1588, continuando la empresa su discípulo y colaborador Pedro González de San Pedro, natural de Cabredo. En julio de 1592 ya está montado el retablo en la capilla mayor de la iglesia, confiándose su tasación a Diego de Marquina, escultor de Miranda de Ebro, y a Juan Imberto, de Estella, que representaban a la parroquia y a González de San Pedro respectivamente
El retablo, realizado de acuerdo con la traza original de Anchieta, constituye un ejemplo excepcional de proyecto manierista de apretada arquitectura, en la que se amontonan soportes, frisos y frontones de índole diversa y caprichosas tipologías, produciendo una sensación de angustia espacial. Complejidad que acentúa la acumulación de esculturas y relieves, sobre todo en la parte superior de la máquina, toda ella repleta de desnudos de niños y jóvenes, en donde impera el músculo y la carne. No obstante, priva un orden racional en el diseño arquitectónico, imponiéndose una clara composición de cuerpos, calles y entrecalles que definen la típica traza del retablo romanista con predominio de lo estrictamente estructural y de la arquitectura arquitrabada todo ello conforme a los planes de los retablos de Astorga y Briviesca, cuya repercusión en el de Tafalla es evidente. El conjunto monta en un doble banco con el inferior más alto y jalonado por unas ménsulas originalísimas con abultadas volutas recubiertas al exterior de hojarasca y primorosas guirnaldas de frutos pendientes de aquéllas, que en nada tienen que envidiar los repertorios decorativos del manierismo de Fontainebleau; por su parte, el segundo banco está compartimentado por netos con revestimiento decorativo a base de cartelas de cueros retorcidos con cabeza de querubín y pinjantes frutales. Sobre este pedestal se elevan dos cuerpos, uniformados por su distribución en tres calles y dos entrecalles, aunque de tratamiento distinto. El primer cuerpo está formado por pilastrones con acanaladuras estrangulados hacia la base y rematados en costillas de las que cuelgan ristras de frutos, correspondiéndole además un friso de triglifos y metopas con discos y guirnaldas alternados. En el segundo cuerpo, por el contrario, se utilizan columnas jónicas de fustes ricamente decorados por grutescos, roleos, pámpanos y relieves en óvalos, que derivan de las soluciones ensayadas en los retablos de Astorga y Briviesca; idéntico decorativismo invade su friso de remate. Distingue la calle central la sucesión de un frontón recto y una cornisa arqueada, que coronan respectivamente las cajas del primer y segundo cuerpo, en ambos casos con niños desnudos recostados al modo miguelangelesco, al igual que en Cáseda; también se repiten en el hueco que deja el arco superior, pero en este caso sedentes. En las calles laterales, los registros del primer cuerpo llevan discretos frontones curvos rotos y envueltos en volutas, mientras que los pertenecientes al segundo se coronan en aparatosos remates con pedestales entre otros fragmentos de frontón curvo con desnudos recostados en sus derrames. El ático presenta una complejísima arquitectura con caja recta entre machones y niños, y frontón triangular superior.
El repertorio iconográfico es abundantísimo, fundamentalmente de relieves, reservándose los bultos a la calle central y remate, y desarrollándose escenas de la Virgen y Cristo. La caja principal se reserva a una tabla del Salvador y sobre ella destaca el grupo de la Asunción que sigue la iconografía de Astorga y Briviesca.