
VIANA
Ayuntamiento.
Localización.
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La calle Mayor de Viana delimita en su recorrido uno de los flancos de la plaza de los Fueros, que a pesar de su reducida extensión es el conjunto más monumental de la ciudad, ocupando uno de sus frentes mayores la parroquia de Santa María y el otro el edificio barroco del Ayuntamiento, la construcción civil más noble de Viana, que es el exponente claro del poderío y riqueza que tuvo la corporación en siglos pasados. Hasta el siglo XVII la ciudad de Viana carecía de edificio de Ayuntamiento, aunque ya en la centuria anterior se propusiera su construcción en unos solares que para tal efecto se habían comprado. La idea no prosperó y hubo de esperarse hasta 1657 para que de nuevo se planteara la cuestión, comenzándose inmediatamente las obras, si bien con tal mala fortuna que desde un principio amenazaban ruina y a pesar de estar muy avanzadas no se prosiguió en ellas por el momento. Varios maestros de la región visitaron el monumento, dando soluciones y detallados informes para su continuación, destacando los de Martín y Lorenzo González de Saseta, Domingo de Usabiaga y Santiago Raón, quien en 1679 señala la conveniencia de demoler buena parte de lo levantado. Después de un largo período durante el cual no se llegó a ninguna solución, los capitulares llaman en 1684 a Juan Raón para que se haga cargo de la empresa. Ahora se emprende con renovado vigor, aunque replanteándose de nuevo e incluso se desmonta lo que entonces existía de fachada para aprovecharse en el Balcón de Toros, que se erigía por estas mismas fechas. Esta segunda etapa de obras se inicia en 1686, interviniendo además de Raón José González Saseta y Bernardo de Munilla, concluyéndose el edificio para 1692. Su tasación la efectúan Juan Martínez, maestro de Aldeanueva, y Martín Belanzátegui de la villa de Oñate .
Juan Raón concibió un edificio de carácter eminentemente urbanístico y público, cuyo proyecto original se conserva en el Archivo General de Navarra pintado en acuarela. Su esquema que en líneas generales no varía mucho del Balcón de Toros, aunque con algunos cambios de acuerdo con su función específica. De esta suerte, se organiza como un gran prisma de sillería de clara horizontalidad, abierto en pórticos de medio punto en su cuerpo inferior, mientras que el alto lleva balcones adintelados en correspondencia con las arquerías bajas. Dadas las condiciones del solar y de su uso, distinto a la tribuna de espectáculos que requería la máxima extensión posible para admitir el mayor número de espectadores, el Ayuntamiento se configura como un bloque más concentrado con sólo siete tramos en lugar de los nueve de aquél. Al mismo tiempo, su carácter representativo hizo que se le prestara mayor atención a la fachada y su ornato, de manera que los alzados aparecen recorridos por pilastras, flanqueando las arquerías del cuerpo inferior y los balcones del segundo, todas ellas de capiteles toscanos, si bien diferenciadas en sus fustes; aquéllas los tienen lisos mientras que las otras se enriquecen con acanaladuras. Por este recurso queda bien diferenciado el cuerpo alto como piso principal, contribuyendo igualmente los ricos enmarques de los balcones formados por molduras con orejeras sobre ménsulas envolutadas y vistosas cartelas rectangulares con veneras y otros motivos semejantes en su coronamiento. Los vanos aún conservan su forja primitiva de balaustres, que define tres balconajes, agrupando el central tres de los siete dinteles, en tanto que los laterales sólo abarcan a dos, según es conveniente para marcar la axialidad del conjunto. Culmina la fachada un ostentoso escudo de la monarquía española con las armas de la ciudad labrado en piedra, provisto de rica cartela con leones, follajes y corona imperial por timbre, que en buena medida obedece al arreglo efectuado por Francisco Javier Coll en 1767; los flameros que lo encuadran parecen un añadido neoclásico. Por último, en los extremos del edificio montan torres de ladrillo con pilastras lisas y entre ellas medios puntos con balaustradas de piedra, rematados en óculos.