Ponentes
- Antón Capitel
Catedrático de proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid.
Dedicó a la obra de Moya su tesis doctoral en 1981. Comisario de la exposición dedicada a Moya en Madrid en 2000.

- Mª Antonia Frías
Doctora arquitecta en 1976. Directora del Dto. de Teoría e Historia de Arquitectura de la ETSAUN y profesora agregada de Estética y Composición Arquitectónica. Investiga en Teoría de la Arquitectura.

- Carlos Montes
Doctor arquitecto por la UN en 1982, profesor de Análisis de Formas en la UN de 1980 a 1985, director de la ETSA Valladolid de 1996 a 1999. Especialista en Historiografía de la Arquitectura.


Otras conferencias



 
 

 
Homenaje a Luis Moya Blanco en la Escuela de Arquitectura
 

La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra ha realizado un homenaje a la figura del arquitecto Luis Moya Blanco (1904-1990) con motivo del centenario de su nacimiento. Profesor de la Escuela desde el año 1970, Moya dejó una imborrable huella en nuestra Escuela para muchos alumnos y compañeros. Además, fue una figura clave en la arquitectura española de la posguerra por sus sobresalientes dotes naturales y su extraordinaria habilidad gráfica. El acto tuvo lugar el pasado 19 de noviembre en el Aula Magna de la Escuela de Arquitectura.

 

Lo más emocionante del acto fue la proyección de una película de diez minutos que mostraba la construcción de una de las obras más importantes de Moya, la Universidad Laboral de Gijón. Esta película, titulada "La construcción de un sueño. Universidad Laboral de Gijón" ha sido montada por Carlos Montes, especialista en Historiografía de la arquitectura, gracias a una película en formato de 8 milímetros que en los años 50 grabó José Díaz Canteli. De hecho eran imágenes inéditas que nunca vieron la luz pública y que Montes ha querido dedicar a la figura de Moya estrenándolas en un lugar tan representativo.

Antes, Antón Capitel, catedrático de proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, analizó "La arquitectura de Moya en el interior del clasicismo tardío europeo". Según Capitel Moya quiso "enlazarse con aquellos arquitectos de la época clásica proclamando la vigencia de esta arquitectura. En mi opinión, Moya fue el último clasicista de la historia. El clasicismo, que nació en Grecia, murió en Gijón con Moya".

Anécdotas familiares
Capitel desveló que conoció la figura de Moya por primera vez en octubre del año 1964. "En Cangas de Onís se celebraba una exposición de Paulino Vicente. Mi padre le tuvo un día en casa, y me gustaba mucho oír las conversaciones entre dos personas cultas. Entonces me atreví y le pregunté a mi padre quién era Luis Moya, ya que me había impactado la Universidad Liberal de Gijón. Mi padre me miró extrañado y me contestó una frase que no se me olvidará nunca: - Es un arquitecto importante, pero ahora no se le puede entender".

Por su parte, María Antonia Frías, directora del departamento de Teoría e Historia de Arquitectura de la Escuela, analizó el importante legado que en su día hizo Moya a la Universidad al donar buena parte de su biblioteca personal. En ella destacó obras de muy diferente temática, como obras de metafísica, ecología, tratados de arquitectura, matemáticas, filosofía etc. Además, recalcó la preocupación de Moya por entender diferentes idiomas, ya que muchas de las obras estaban escritas en francés, inglés, alemán, italiano o latín. "Moya siempre dijo que él aprendía los idiomas leyendo libros, aunque luego cuando viajaba le daba apuro hablar porque no sabía pronunciar", subrayó Frías.


Breve biografía

Luis Moya Blanco nació en Madrid en 1904 en un entorno familiar cercano al mundo de la arquitectura. Su padre, Luis Moya Idígoras, era ingeniero de caminos y entre sus obras más relevantes destaca el depósito del Canal de Isabel II de Madrid, mientras que su tío Juan Moya fue director de la Escuela de Arquitectura de Madrid. La vocación de Moya por la arquitectura y el dibujo fue evidente desde que era muy joven. Así, sus profesores del Colegio del Pilar le detectaron pronto sus sobresalientes dotes naturales y su extraordinaria habilidad gráfica. La influencia del profesor de Historia, el conocido arqueólogo Fidel Fuidio, fue clave para que Moya se encaminara hacia los estudios de Arquitectura y no hacia los de Ingeniería.

 


Fue entonces cuando su tío Juan Moya le formó para ingresar en la Escuela de Arquitectura en 1921. Entre los profesores que más influyeron en la formación de Moya destacan López Otero, Anasagasti, Torres Balbás, Lampérez o Flórez Urdapilleta, y entre sus compañeros de promoción, a la que llamaron ''Promoción Luis Moya'' destacaban nombres como Aizpurúa, Vaquero Palacios, López Delgado etc.

En su formación se mezclaron dos tendencias tan diferentes como eran la línea regeneracionista impulsada por la Institución Libre de Enseñanza y la introducción de los principios del Movimiento Moderno. Paralelamente a los estudios en la Escuela de Arquitectura de Madrid Luis Moya también se formó en el estudio de Pedro Muguruza. Entre sus primeros trabajos más destacados están los dibujos de edificios que desarrolla, sobre todo, en la provincia de Ávila durante los veranos. (véase las imágenes).


Dibujos realizados en la etapa de estudiante

Se tituló en 1927 obteniendo por su proyecto fin de carrera (un cenotafio para Beethoven) el premio Aníbal Álvarez. En su primera etapa profesional (hasta 1936) se presentó, con éxito, a muchos concursos y obtuvo varios premios encargándose de levantar el Museo del Coche y el Arte Popular (1934) y el Dispensario Antituberculoso y Antivenéreo en Palencia (1928). Además, tras un viaje a América a propósito del Concurso internacional del Faro de Colón, se hizo cargo del nombramiento de arquitecto conservador de la Biblioteca Nacional. En 1934 se casó con Concepción Pérez-Masegosa.

Al terminar la Guerra Civil trabajó para la Dirección General de Arquitectura, haciéndose cargo de varios trabajos de reconstrucción y reforma, como el Teatro Real, y ganó el concurso de la Gran Cruz del Valle de los Caídos. De 1946 a 1956 Moya realizó su obra más característica, la colosal construcción de la Universidad Laboral de Gijón llevando al límite el juego combinatorio y representativo del lenguaje clásico. A partir de los años 60 ideó nuevas arquitecturas levantando nuevas iglesias como las de Torrelavega (1962) en Cantabria, y las madrileñas Niño Jesús (1964), Santa María Madre de la Iglesia (1969) y Nuestra Señora de la Araucana (1971).

En 1970 trasladó su labor docente a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, impartiendo las asignaturas de Estética y Composición y Composición II. Falleció en Madrid en 1990. Antes, como docente, fue catedrático en la Escuela de Madrid (cátedra ganada en 1936) y se incorporó después de la guerra civil. Fue director de esta Escuela entre 1963 y 1966.

 


Escuela de Arquitectura, Universidad de Navarra
especializaciones en arquitectura - master de diseño arquitectónico
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