"La enfermedad de Alzheimer es un trastorno degenerativo definido
que tiene unos rasgos clínicos y patológicos comunes a
todos los pacientes. Sin embargo, existe una cierta heterogeneidad en
la edad de la aparición de los síntomas y en el
patrón progresivo. Esta diversidad puede estar determinada en
gran parte por la predisposición genética de cada
paciente, así como por otros factores etiológicos que
confluyen en una pérdida neuronal y en la aparición de
las lesiones más propias de la enfermedad: placas seniles y
ovillos neurofibrilares", explica el Dr. Manuel Fernández,
médico del Servicio de Neurología del Hospital de
Cruces, Vizcaya.
El Alzheimer constituye la primera causa de demencia en los
países desarrollados, estimándose que alrededor del 10%
de las personas de 65 años o más edad padecen la
enfermedad. "Se desconoce su causa pero, en los últimos
años, diferentes estudios epidemiológicos realizados en
Europa, Estados Unidos y Canada han demostrado la importancia de
diversos factores de riesgo, tanto genéticos como adquiridos,
de padecer la enfermedad. Algunos de los cuales, como la
hipertensión arterial sistólica, es posible que puedan
modificarse con una prevención adecuada".
La edad es claramente el factor de riesgo más importante:
las estadísticas muestran como al incrementarse la edad el
riesgo de padecer la enfermedad es mayor, sirva de ello el ejemplo de
que la prevalencia a la edad de 90 años es de un 32%. "La
historia familiar es uno de los factores más consistentes,
llegando a aumentar el riesgo hasta 4 veces". Los antecedentes de
traumatismo craneoencefálico, la presencia de un nivel
educativo bajo, el Síndrome de Down y la pertenecia al sexo
femenino son también factores de riesgo de padecer la
enfermedad. "Casi la totalidad de estos aspecyos no son corregibles,
pero es de señalar que las enfermedades vasculares y los
factores que predisponen a ellas, también parecen ser campos
de riesgo, y algunos de ellos sí son modificables".
En los últimos años, el descubrimiento de genes
implicados en la enfermedad está permitiendo el conocimiento
de la patogénesis de la misma y la susceptibilidad para
padecerla. Actualmente, se reconoce la asociación de
determinados genes con formas familiares de aparición temprana
(por ejemplo, los ligados a los cromosomas 21,14 y 1) y con formas
tardías y casos esporádicos, como es ei caso del gen de
la ApoE (Apolipoproteina) ligado al cromosoma 19.
"La presencia de la forma ApoE4 (alelo), aunque no es necesaria
para el desarrollo de la demencia, es un factor de susceptibilidad y
actualmente, el marcador genético más fuertemente
relacionados con el Alzheimer, aumentado el riesgo de padecerla y
disminuyendo la edad de inicio de los síntomas. La presencia
de la ApoE2 o E3 son, sin embargo, factores protectores, al igual que
un alto nivel educativo y probablemente, el uso prolongado de
antiinflamatorios y estrógenos en las mujeres". El
descubrimiento de estos marcadores genéticos ha supuesto un
gran avance en el conocimiento de la enfermedad, principalmente en lo
que a la ApoE se refiere, aunque no se recomienda su uso en la
práctica clínica para predecir riesgo futuro de
Alzheimer en sujetos asintomáticos.
El diagnóstico de la enfermedad en vida del paciente se
realiza con la combinación de la exploración
neurológica, neuropsicológica, al entrevista del
cuidador y los estudios de demencia.
"Las nuevas técnicas como la RMN y la SPECT y PET, aportan
una información muy valiosa. Las técnicas de
neuroimagen como la RMN muestran en fases iniciales de la enfermedad
la atrofia del lóbulo temporal y en cualquier caso, nos
permiten descartar otras causas de demencia potencialmente tratables.
El PET y la SPECT permiten mostrar una reducción en el primer
caso del metabolismo cerebral y en el segundo del flujo cerebral
incluso en los casos de enfermedad más precoz. Quizás
la utilidad de estas dos técnicas esté más en la
función cerebral y los cambios que la propia enfermedad
produce en esa función". Es, con la combinación de
todas estas técnicas como podemos diagnosticar a un paciente
de enfermedad de Alzheimer con bastante certeza. En cuanto a la
terapéutica nos encontramos aún en fases muy iniciales.
"En la enfermedad que nos ocupa, las concentraciones de acetilcolina
están disminuidas, lo que explica en parte los síntomas
de la enfermedad. La base de los tratamientos sintomáticos, es
decir aquellos que pretenden mejorar las manifestaciones
clínicas, es la de restablecer o potenciar esta función
colinérgica deprimida. La Tacrina como fármaco ya
comercializado y el Donepezilo, en vías de
comercialización, actúan como por ese mecanismo".
Actualmente, se están realizando muchos estudios
clínicos para valorar la eficacia de otros compuestos. Otros
fármacos en estudios son el SB-202026, Propentofilina,
análogos de la melatonina... Las perspectivas futuras del
tratamiento radican en los nuevos fármacos
colinomiméticos, aquellos que aumentan la concentración
de acetilcolina y la investigación clínica de
sustancias que de alguna forma ralenticen la cascada
patológica que da lugar a lesiones que desembocan en la
enfermedad. Tampoco es de descartar el que en un futuro puedan
existir tratamientos preventivos que pudieran utilizarse en las
poblaciones de riesgo.
"Esta preocupación e interés por la enfermedad de
los médicos en general, y de los neurólogos en
particular, junto a la concienciación de la sociedad, nos
permiten atisbar esperanzas en cuanto a un futuro mejor para nuestros
pacientes".