El Alzheimer en Navarra
"El Alzheimer es el paradigma de todas las enfermedades. Cambia
hasta el propio sentido de la muerte"
- Entrevista con el Dr. Madoz, vocal del Consejo de Gobierno del
Servicio Navarro de Salud

Hacer. Actuar. Esa es la consigna del psiquiatra Vicente Madoz. Es
vocal del consejo de Gobierno del Servicio Navarro de Salud y miembro
del Consejo Navarro de Cultura y ha sido presidente del Ateneo
Navarro. En la actualidad, además de dirigir la
Fundación Argibide es presidente de Médicos Mundi
Navarra y de la Fundación Bartolomé de Carranza.
- Alzheimer ¿cómo lo definiría?
- Es el paradigma de lo que es en sí la enfermedad en
general, pero en el Alzheimer adquiere una dimensión
neurológica, neuropsicológica; una manifestación
antropológica (lo primero que nota el enfermo y los que le
rodean es que ha cambiado su existencia, ya no es el que era);
psicológica; psiquiátrica; familiar; social; a nivel
familiar, etc... En todos los ámbitos de la existencia. hasta
la propia muerte queda cambiada, ya que uno no es consciente de ella.
- Peor que ser olvidado es no recordar.
- Desconocerse uno mismo. Ese es el drama. Al principio de la
enfermedad hay pacientes que son conscientes que están
perdiendo su propia identidad. A lo largo de la vida el objeto de la
existencia del hombre es justamente buscar la identidad y llega un
momento que uno comienza a difuminarse. Siempre he dicho que el
Alzheimer es como morirse en un fundido de zinc: la personalidad se
desvaneces. El libro "La inteligencia emocional", de Colleman ha
tenido un gran éxito. Si hubiéramos estado atentos a
los enfermos de Alzheimer nos habríamos dado cuenta de que en
ellos se da esto de una forma muy clara. Pierden la inteligencia
cognitiva, pero no la emocional. Ven caras conocidas y se
sonríen; les hablas de temas que conocen y vibran... pueden
disfrutar de un buen caldo; agradecen las caricias y muestras de
afecto... Estas personas demenciadas no pierden su capacidad de
sintonía. Hay que descubrir la inteligencia emocional del
enfermo y lo que nos puede aportar a nuestro enriquecimiento
personal.
- ¿Qué le preocupa viendo cómo se
está abordando esta patología?
- La modernidad se caracteriza por el conocimiento y la
razón. Se ha devaluado todo el área de los
sentimientos. Es indudable que el Alzheimer conlleva muchas
penalidades, pero hay que perder esa visión catastrofista que
todavía se tiene de la enfermedad. Me gustaría que
estas jornadas sirvieran para ello. El Alzheimer es un precio que
tenemos que pagar por vivir más tiempo, también hay
más artrosis, más osteoporosis, etc. Hay que aprender a
dar un sentido positivo a todas las patologías. El Alzheimer
es otra forma de vivir. Se dice que mientras hay vida hay esperanza,
pero yo digo que mientras hay vida hay existencia humana y hay que
cultivarla, incluso en los casos más avanzados. La parte
emocional y relacional es vital en esta enfermedad, el tener objetos
propios: tener su propia cama, ver caras conocidas... Ios referentes
con carga emocional son importantísimos.
- ¿Qué experiencias ha tenido en este campo?
- Recuerdo el caso de una mujer con demencia que en su cuarto
tenía una lámpara de toda la vida. Le cambiaron el
cuarto y la mujer empeoró muchísimo. Desconocía
su habitación. Todos cogemos aprecio a cosas y objetos, pero
hay que imaginarse lo que ocurre cuando se le quita a estas personas
para las que es el único referente que tienen. Es un drama.
Ellos reducen el mundo a lo que pueden controlar. Por ejemplo, a
todos los enfermos de Alzheimer les afluye su lenguaje materno. He
vivido una experiencia muy llamativa en este sentido. Una mujer que
durante sus tres primeros años de vida vivió en un
caserío y hablaba euskera. A los 4 años se traslada a
la ciudad, lo olvida, no vuelve a hacer uso del euskera en 70
años. Se demencia y ahora lo único que habla y a lo
único que responde es a esta lengua. Vibra con palabras de
carantoñas en euskera. Es lo que le ha quedado grabado de las
primeras vivencias de niño.
- ¿El reto es aprender a tender el aspecto social y
humano?
- Hasta ahora hemos estado preocupados en la sanidad en prestar y
atender los aspectos patológicos. Hay un gran progreso
médico y en el campo de la investigación del Alzheimer,
pero no debemos caer en el error de olvidar que lo que genera la
enfermedad es el modo de vivir esa patología ese sujeto. Es
decir, la enfermedad no es la patología. Hay un estudio muy
interesante de una universidad americana donde una orden de monjas
católicas, tras realizar unos protocolos en vida, donaron sus
cerebros. Una de ellas murió a los 100 años y siempre
mostró un estado de gran lucidez. Al morir y estudiar su
cerebro se halló que tenía el 50% afectado por el
Alzheimer, pero, sin embargo su enfermedad no se había
manifestado.
- Entonces, ¿por qué se manifiesta la enfermedad en
unos casos sí y en otros no?
- Se apunta que se manifiesta con más facilidad en personas
que tienen las lesiones hemopatológicas específicas y,
además, dificultades vasculares. El nivel cultural más
alto, una actividad memorística, parece que pospone los
síntomas de Alzheimer, incluso en presencia de lesiones
patológicas. Pero, hay muchas variables, incluso las
emocionales. Una persona bien adaptada, feliz, que disfruta de la
vida y tiene una salud general buena cuenta con menos posibilidades
de manifestar una enfermedad y, en concreto, el Alzheimer.
- Hoy día se repiten frases como "Yo no quiero llegar a
viejo y dar guerra", "no quiero perder la cabeza".
- A mí no me importa llegar a los 90 años, ni me
asusta el tener Alzheimer. Estoy convencido de que es otra forma de
vida. La sociedad actual está hipertrofiada por el valor del
conocimiento. Tiene terror al Alzheimer. Hay que preparar a la
sociedad, a todas las personas, para afrontar la posibilidad de que
todos podemos demenciarnos. Sólo así se podrá
vivir lo que yo llamo "un Alzheimer simpatico", es decir, con menos
crisis y trastornos de personalidad. Hace falta una labor de
concienciación de esta reaiidad y de propugnar el valor de los
sentimientos. Se debe empezar desde los niños y que
éstos también convivan con el enfermo. Sólo
así aumentará el conocimiento y se podrá mejorar
la salud colectiva.
- ¿Navarra puede ser un ejemplo a la hora de atender el
Alzheimer?
- La Comunidad Autónoma de Navarra es un bombón: es
una comunidad pequeña y controlable, con unas dimensiones
accesibles y un movimiento solidario muy importante. Lo que hace
falta es mentalizar a todos los navarros de que esta enfermedad
atañe a todos. Hay que hacer y firmar un acuerdo marco que
vehiculizara todos los esfuerzos y aquí se dan las condiciones
favorables para su desarrollo.
- ¿La clave estaría en contar con más
recursos económicos?
- No, para nada. Aquí alardeamos de tener un sistema de
bienestar social y sanitario de los mejores, sin embargo, y pese a
estas facilidades, en otras comunidades han sido más
ingeniosos y están haciendo cosas más avanzadas. Como
es el caso de Cataluña o Andalucía. Lo que hace falta
son dos actitudes básicas: una enorme ilusión con los
proyectos y los enfermos, no verlos como seres desvalidos, ya
perdidos. Hemos superado la fase de ocultar al enfermo, pero
todavía se sigue viendo como la gran carga familiar. Por otro
lado, contar con la esperanza de que se puede hacer. Sólo con
esos dos ingredientes, con esa raíz, vendrá la voluntad
y la coordinación entre todas las partes. Además, el
apoyo económico no debe ser indiscriminado, sino que debe
responder a las llamadas del ingenio, si es así, se superan
todos los problemas.
- Entonces, coordinación es el elemento base para
afrontar el reto del Alzheimer.
- El Alzheimer atañe a todos los colectivos: desde la clase
política, a los médicos, a los educadores, para
descubrir la complejidad de la enfermedad y como todas las personas
son necesarias e imprescindibles: desde el neurólogo, al
fisioterapeuta, el geriatra, el psiquiatra, las familias, etc... hace
falta unidad.