"Los infartos cerebrales multiplican por veinte el riesgo de Alzheimer"

- Según el Dr. Vladimir Hachinski, de la Universidad Oeste de Ontario (Canadá)

 

"Se ha demostrado que la demencia vascular y el Alzheimer coexisten en un 15% de los enfermos y que los infartos cerebrales pueden multiplicar por veinte las manifestaciones clínicas de esta enfermedad degenerativa". Vladimir Hachinski, jefe de del Dpto. Clínico de Ciencias Neurológicas de la Universidad del Oeste de Ontario (Canadá), explicaba así la trascendencia de estas demencias mixtas durante la tercera jornada de la "Conferencia Nacional de Alzheimer", organizada por la Universidad de Navarra y la Sociedad Española de Neurología, en la que participan más de mil quinientas personas hasta su clausura mañana a las 13.30.

 

La enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular son las dos patologías más frecuentes en la tercera edad. En concreto, la demencia de Alzheimer afecta a un 4% de las personas de 65 años, a un 15% de 75 años, y a un 30% de 85 años. Los últimos avances dejan patente que la coincidencia y posible interacción entre ambas demencias agrava las consecuencias de una sobre otra. "Las lesiones no se suman, se multiplican", ha advertido el especialista.

 

En su opinión, la demencia mixta no resulta de la coincidencia pasiva de dos patologías, sino que es un estado dinámico interactivo. "Por un lado, se ha visto que los depósitos de sustancias de amiloide producidos en la enfermedad de Alzheimer debilitan las paredes de los vasos produciendo, en ocasiones, derrames cerebrales. Por otro lado, se han encontrado casos de ancianos con lesiones cerebrales (placas seniles y ovillos neurofibrilares), que no presentan síntomas de deterioro cognitivo hasta que un pequeño infarto desencadena el proceso de Alzheimer".

 

Sobre todo, en edades avanzadas

Según Hachinski, la asociación de la demencia vascular con la del Alzheimer se acentúa en personas de edades avanzadas. "Cuando la enfermedad de Alzheimer se presenta a los cincuenta años, suele tratarse de una patología pura. En cambio, cuando aparece más tarde, su manifestación no parece tan severa y su desarrollo depende en gran medida del efecto de las lesiones vasculares".

 

Las conclusiones presentadas por el Dr. Hachinski son fruto de estudios realizados por su equipo en una muestra de casi 400 pacientes. "Los resultados de nuestro trabajo, todavía no publicados, han sido presentados en este congreso por el doctor David García Muñoz, un licenciado de la Universidad de Navarra que ahora investiga en nuestro centro. El seguimiento de estos enfermos reveló, entre otro datos, que un 60% desarrollaba la enfermedad de Alzheimer, un 15% una demencia mixta y un 5-10% una demencia multi-infarto. Analizamos diferentes factores y finalmente, concluimos que la diferencia estadísticamente significativa para la aparición del Alzheimer estribaba en los infartos cerebrales".

 

Estos hallazgos coinciden con los publicados en la revista JAMA el pasado mes de marzo sobre un grupo de monjas de EEUU. "En un 43%, las lesiones de Alzheimer eran evidentes en el cerebro de estas ancianas, aunque no presentaban síntomas clínicos (pérdida de memoria, trastornos de conducta, etc.). Si esas mismas lesiones se asociaban a un infarto cerebral, la consecuencia era la aparición de demencia en el 93% de los casos".

 

Prevención vascular reduce incidencia a mitad

La importancia del puntaje isquémico desarrollado por Hachinski radica no tanto en prevenir, como en postergar la enfermedad de Alzheimer durante al menos cinco años, lo cual recorta en un 50% su incidencia en esta población. "De algún modo, controlando los factores de riesgo vasculares (hipertensión, educación...) y aplicando tratamientos terapéuticos oportunos, retrasamos durante un tiempo el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. Está claro que el factor vascular no es determinante y que también debe existir en la persona un componente genético con la semilla de la autodestrucción. Pero cualquier prueba predictiva que detecte malformaciones genéticas puede ser parcial y peligrosa".

 

Para este neurólogo, el cerebro es un órgano dinámico capaz de compensar las lesiones del Alzheimer y reprogramarse, siempre que el número de patologías no desborde sus posibilidades. "Es un mito pensar que a lo largo de la vida perdemos millones de neuronas y que, por lo tanto, el aumento de la edad conlleva un deterioro cognitivo. Sobre la base teórica, eso no tiene por qué ser así. Un buen ejemplo es la anécdota de una mujer de 97 años canadiense que fue al médico por molestias en una pierna. Cuando el especialista achacó esta dolencia a la edad, ella le respondió que eso era imposible porque la otra pierna tenía los mismos años y no le causaba ningún problema".

 

La apuesta de Hachinski para el futuro se centra en "los nuevos filósofos del conocimiento; sólo un nuevo planteamiento científico puede abordar la globalidad de esta enfermedad". Un paso importante en este camino ha sido, a su juicio, "la excelente integración científica, social y familiar demostrada en esta Conferencia Nacional, que sitúa a Pamplona en un lugar de referencia en el mapa internacional del Alzheimer".