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Especiales > Alfonso Nieto, in memoriam

Un legado intangible

Por Mónica Herrero

Una mañana del mes de febrero, hace ahora tres años, el profesor Carlos Barrera, encargado de escribir la historia de la Facultad con motivo de nuestro cincuenta aniversario, me pidió que revisara todos los armarios del despacho del Decanato. Y en esa búsqueda me encontré con algo que ni él esperaba. Allí, con la caligrafía de D. Alfonso (y también con la taquigrafía que tanto le ha ayudado) estaban parte de los borradores de los documentos, reuniones y cartas del proceso de erección de las Facultades de Ciencias de la Información en España. Mi primera llamada fue para D. Alfonso, que, como era habitual, no dio a mi hallazgo importancia alguna. Y sin embargo, a él con otros pocos, le debemos los cuarenta años de Facultades de Ciencias de la Información en España.

Si esa contribución de D. Alfonso (como siempre le he llamado) fue decisiva, no lo fueron menos sus publicaciones científicas; la creación y el desarrollo de la disciplina de Empresa Informativa en nuestro país; el impulso de la Facultad de Comunicación Institucional de la Iglesia en Roma y de otras Facultades de Comunicación en el mundo, especialmente en América Latina; o su papel promotor y gestor en la agencia de noticias Rome Reports.

La historia y los testimonios de tanta gente (a pocas horas de su muerte, era ya “trending topic” en twitter) dan fe de todas sus aportaciones a la ciencia y al mundo de la comunicación. Sin embargo, a lo que verdaderamente daba valor D. Alfonso era a los intangibles, y su pensamiento de los últimos años le llevó a una seria reflexión científica sobre este tema, aplicado, claro está, al ámbito de lo comunicación.

Y quienes hemos tenido la suerte de trabajar junto a él, sobre todo, de aprender de su magisterio, nos quedamos también, en primer lugar con los intangibles imborrables que ha dejado en nuestra vida. Lo intangible tiene bastante que ver con lo gratuito (fue también quien primero escribió sobre “La prensa gratuita”), y quizá por eso, esos intangibles tienen tanto valor, porque la gratuidad y el servicio han marcado la vida académica y personal de D. Alfonso. En su labor formadora de jóvenes investigadores destacaría su paciencia, su desmedida confianza en nuestra capacidad, su arte para provocar el pensamiento ajeno, su magnanimidad para hacerte pensar que esa intuición intelectual había sido tuya, y sobre todo, su tiempo. D. Alfonso siempre tenía tiempo para los demás. Una vez me atreví a preguntarle, “¿Usted por qué siempre tiene tiempo?”. Y su respuesta fue sencilla: “Porque procuro que mis horas tengan 60 minutos, y mis minutos, 60 segundos”.

Esa conciencia de ser usufructuario del tiempo dado por Dios, no sólo hizo su vida fecunda, sino que su tiempo en la tierra fue un regalo para todos los que nos cruzamos en su camino. Dándonos su tiempo nos daba su vida, y con su ejemplo, aprendíamos a usar el tiempo de la nuestra. Como hombre de fe profunda, fiel a Dios hasta la muerte, hoy empieza su tiempo sin fin. Y con los intangibles que nos ha dejado, y el poderoso intangible de su intercesión, en su querida Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra esperamos seguir su ejemplo sirviendo con gratuidad en nuestro tiempo.

El recuerdo de D. Alfonso Nieto permanecerá por siempre, porque él supo buscar la Gloria y porque también supo amar. Amó a su profesión; amó a sus amigos; amó a la Ciencia; amó a su trabajo y amó a la vida. Un hombre que ama de verdad no muere jamás porque permece vivo en todas aquellas personas que le aman y en todas aquellas a las que ayudó, que han sido muchas. El Amor es un sentimiento eterno, de modo que quien ama de verdad, vive ciertamente y a un hombre se le conoce que ama por sus obras. Ahí quedan las de D. Alfonso y ahí queda su ejemplo. Aquel que ama a los semejantes, a quienes ve a diario, ciertamente ama a Dios Todopoderoso, a quien no se le ve pero bien que se le siente. Absolutamente convencido de que al Amor jamás rechaza al amor, aunque sea el pobre amor humano lleno de limitaciones y de defectos, sé que ahora el excelente profesor se halla donde el tiempo ya no cuenta. Sin embargo, y como bien sabía D. Alfonso, al´li donde el tiempo cuenta es importante no pererlo y dedicarlo a lo que merece la pena.

Ignacio Población

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