PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD II (3 ECTS)
Profesor José Benigno Freire (3 ETCS), segundo semestre.
Optativa Grado Pedagogía.
Optativa Grado Educación Infantil.
Optativa Grado Educación Primaria.
Departamento Educación. Facultad Filosofía y Letras.
Curso 2011-2012
Idioma en que se imparte: Castellano.
HORARIO DE CLASES: Viernes de 9 a 11.
LUGAR DE LAS CLASES: Aula 37. Central
| PARA FACILITAR EL TRABAJO A LOS ALUMNOS MATRICULADOS ESTE CURSO EN PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD I Y PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD II, SE LES PERMITE CONTINUAR EL RITMO DE LA ASIGNATURA PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD DE LAS LICENCIATURAS (6 ETCS) |
| DE ESTA MANERA SÓLO REALIZARÁN DOS EJERCIOS PRÁCTICOS Y UN ÚNICO EXAMEN. |
| OBTENDRÁN LA MISMA CALIFICACIÓN EN PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDA I Y PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD II (EN TOTAL 6 ETCS) |
| PUEDEN ORIENTARSE MÁS ORDENAMENTE SI ACUDEN A LA GUÍA DE LA ASIGNATURA PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD PARA LAS LICENCIATURAS DE HUMANIDADES Y PEDAGOGÍA. |
Un clásico de esta disciplina, no sin una cierta académica ironía, escribió que existen tantas teorías de la Personalidad como autores la han estudiado. A pesar del tono de caricatura de la cita, sí nos puede servir para introducirnos en el ámbito poco estructurado de la Psicología de la Personalidad. Los conceptos de personalidad y madurez, que además se encuentran íntimamente relacionados, pertenecen al espacio de nuestra experiencia cotidiana y de ellos seríamos capaces de entresacar los siguientes datos: en primer lugar, la frecuencia con que se utilizan estos términos en nuestro lenguaje cotidiano; en segundo lugar, la amplia plasticidad significativa que cada persona asigna a los mismos conceptos; y en tercer lugar, a pesar de esa ambigüedad de sentidos, existe un fondo de significación comúnmente aceptada que permite utilizar ambos términos de una manera entendible en el contexto de una conversación.
Esta ambigüedad significativa y nocional también se contempla en el empleo sistemático del término, en el terreno científico. Un dato, a modo de ejemplo, el profesor Gordon Allport en el Manual de Psicología de la Personalidad (original de 1937) recoge más de cincuenta definiciones sustancialmente distintas de Personalidad, que en un intento de categorización las clasificó en cinco raíces: a) definiciones aditivas; b) definiciones integrativas o configuracionales; c) definiciones jerárquicas; d) definiciones en términos de ajuste; e) definiciones basadas en la distinción de rasgos. De este inicial desacuerdo en una definición científica de la personalidad, asumida por los estudiosos, nace la peculiar dificultad de esta disciplina al no gozar de un corpus común y una terminología acuñada y confiable a las distintas escuelas. A pesar de ello podemos encontrar un tenue consenso que nos permite una mínima sistematización sobre el estudio de la Personalidad. A este respecto es tradicional citar un trabajo de Levy (1970) que sintetiza los objetivos fundantes de la Psicología de la Personalidad asumibles por la mayoría de los tratadistas: 1) describir qué tipo de persona es el individuo que, en cada caso, se estudia; 2) explicar cómo ha llegado a ser lo que es, a desarrollar las características que lo definen como ser individual; 3) determinar en qué condiciones la organización peculiar de sus características individuales puede cambiarse o mantenerse; 4) señalar cómo se puede emplear todo lo anterior para explicar la conducta del sujeto y predecir su comportamiento futuro.
Para el estudio de la Psicología de la Personalidad, en el contexto de esta abigarrada complejidad de teorías y nociones, se han propuesto dos enfoques fundamentales. En primer lugar, una descripción sistemática de las estructuras, procesos y procedimientos necesarios para abordar de una manera genérica la noción de personalidad. Lo propio de esta opción consiste en desgranar la disciplina en temas que en su conjunto completan los aspectos constitutivos y constituyentes de la personalidad: definición; conceptos previos y relacionados con la personalidad; modelos de personalidad; estabilidad, consistencia y cambio de conducta; evaluación de la personalidad; trastornos de la personalidad; dimensiones básicas de la personalidad; el problema del “yo” personal; competencias de la personalidad; los procesos de personificación, socialización e individuación en el desarrollo de la personalidad; etc.
En segundo lugar, se propone una revisión histórica de las distintas teorías o modelos para resaltar y criticar las aportaciones específicas de las distintas escuelas. En este sentido suele resultar útil clasificar las diversas teorías en los siguientes modelos: biológico o constitucional, psicométrico, funcional o conductista, psicosocial, cognitivo, psicodinámico y humanista. Nosotros emplearemos esta clasificación porque con ella se hace asequible el estudio de los manuales o trabajos especializados de corrientes distintas; por ello el alumno, para encuadrar adecuadamente a los autores, no debe perder de vista el cuadro-resumen adjunto: TEÓRICOS DESTACADOS DE LA PERSONALIDAD. Esa será la clasificación que manejemos en el estudio de la asignatura:
1.- Teorías constitucionalistas | Ernst Kretschmer (1888-1964) |
| W. H. Sheldon (1898-1977) |
2.- Teorías psicométricas | H. J. Eysenck (1916-1997) |
| R. B. Cattell (1905-1998) |
| Los denominados "cinco grandes" |
3.- Teorías conductistas | I. P. Pavlov (c. clásico) (1849-1936) |
| B. F. Skinner (operante o instrumental) (1904-1990) |
4.- Teoría psicosocial | Albert Bandura (1925) |
5.- Teorías cognitivas | George A. Kelly (1905-1967) |
| Walter Mischel (1930) |
| Julian B. Rotter (1916) |
| Aaron T. Beck (1921) |
6.- Teorías psicodinámicas | Sigmund Freud (Psicoanálisis) (1856-1939) |
| Alfred Adler (Psicología Individual) (1870-1937) |
| C. G. Jung (Psicología Analítica) (1875-1961) |
7.- Teorías humanísticas | Gordon W. Allport (1897-1967) |
| Viktor E. Frankl (1905-1997) |
| Carl R. Rogers (1902-1987) |
| Abraham Maslow (1908-1970) |
| Henry A. Murray (1893-1988) |
Aunque en el fondo, el nervio de la controversia o confrontación de las nociones de personalidad se reduce, en palabras de Vicente Pelechano (Psicología sistemática de la personalidad, 2000), a la pugna entre estas dos orientaciones científicas: “Por una parte nos encontramos con los estudiosos e investigadores de estructuras y procesos, que utilizan un complejo aparato estadístico y que corren el peligro de perder la idea de unidad funcional que representa el individuo, una unidad todo lo compleja que se quiera pero que, en definitiva, le da sentido.
“Por otra parte, existen los “psicólogos del yo” o del “sí mismo” que parten precisamente de postular la unidad del sujeto. Sin embargo, el análisis de ese “yo” sin más, o bien cae en un situacionismo globalizador sin especificaciones concretas, o bien debe comenzar a diversificarse en otros “yoes” para recoger las distintas funciones del individuo que vive en sociedad hasta llegar a proponer un sistema que se va pareciendo, cada vez más, al de los rasgos-procesos y tiende a perderse asimismo la idea identificadora del individuo”. Como se podrá comprobar, a través de la cita anterior, la controversia entre los distintos modelos de concebir la personalidad es un rasgo definitorio de esta disciplina. Como es obvio y lógico cada uno de estos enfoques para el estudio de la Psicología de la Personalidad, sistemático o histórico, presenta sus ventajas e inconvenientes, y al final ambos se implican e imbrican.
De lo expuesto con anterioridad se deduce, con lógica coherencia, que el estudio de la personalidad conduce a una inicial sensación de incertidumbre e inseguridad en las nociones fundamentales, de dispersión en los contenidos e, incluso, de contradicción en los conceptos básicos. Esa sensación no necesariamente es achacable a una mala interpretación o asimilación del alumno, pues nace o puede nacer como efecto de la propia dispersión de la disciplina. El posible problema de comprensión del estudio de la personalidad radica en si el alumno desconoce el origen o la raíz que genera la disparidad, controversia o confrontación. De forma y manera que el alumno, a la par que asimila los contenidos del programa, debe realizar un estudio crítico para configurar y adherirse a un único modelo de personalidad, aquel que le ofrezca los razonamientos y las pruebas más convincentes para describir y definir la personalidad.