Universidad de Navarra
 
Asignatura:
 
Sacramentos   2011-2012
 
   
     
 
Mis asignaturas  >  Esta asignatura  >  Presentación
Presentación

Ser cristianos significa creer en el Dios de Jesucristo y tratar de vivir la esperanza que su amor ofrece a nuestro corazón inquieto.

La historia de ese amor es sencilla y grandiosa: el Hijo eterno penetra en las vicisitudes humanas y, a través de su humanidad, revela el rostro del Padre y concede a quien lo recibe la vida nueva en el Espíritu. Cristo es el icono del Padre, el sacramento de Dios, el signo vivo con el que el Eterno se comunica a los hombres. Para que ese signo pueda ser accesible a los hombres de todo tiempo y lugar, el Señor se hace presente en la Iglesia, la cual es, a su vez, sacramento de Cristo. Ella es el lugar elegido por su Esposo donde puede ser objetivamente encontrado por nosotros en el Espíritu.

Ello explica que la Iglesia celebre el encuentro entre el Kyrios y los hombres por medio de ciertos ritos. Estos ritos son acciones, es decir, gestos y palabras, realizados en obediencia a la voluntad de Jesús, a través de los cuales el don divino llega al corazón de la persona y al de la historia. Son los sacramentos.

Si Cristo es el sacramento de Dios y la Iglesia es el sacramento de Cristo, los sacramentos son las realizaciones más intensas del encuentro con Dios en la Iglesia. De aquí la importancia de los sacramentos no sólo para quien busca a Dios, sino también para quien, habiéndolo encontrado, desea conocerle y amarle siempre más.

Pero cabe todavía otra aproximación a los sacramentos que permite captarlos como realidades salvíficas, como acontecimientos de comunión con Dios, puntos de inserción en el misterio de Cristo.

La lámina que se ha situado a la cabecera del Catecismo de la Iglesia Católica, cuando comienza a tratar de los sacramentos, reproduce un fresco de principios del siglo IV tal y como puede apreciarse en unas catacumbas romanas. La escena representa el encuentro de Jesús con la hemorroísa. Esta mujer, experta de años en el sufrimiento, quedó curada al tocar el extremo del manto de Jesús gracias a la “fuerza que había salido de él”. Y cabe preguntarnos: hoy, al cabo de veinte siglos, ¿es posible entrar en contacto con la fuerza sanante que sale Cristo? En la Iglesia, la respuesta es afirmativa: hoy, los hombres podemos ser curados de las heridas del pecado y acoger la vida nueva del Resucitado por medio de los sacramentos, acciones por las que Cristo, en synergia con su Esposa, comunica la salvación que brota del misterio pascual. Con toda propiedad, por tanto, se ha elegido ese fresco romano para iniciar la sección litúrgico-sacramental del Catecismo, en cuento figura que simboliza el poder salvífico del Kyrios que salva al hombre entero, cuerpo y alma, a través de la economía sacramental.

Hay que poner de relieve, desde el inicio, la íntima conexión que existe entre nuestro estudio y la liturgia. Desde un punto de vista fenomenológico, los sacramentos sólo son, en cuanto se celebran. Así pues el objeto material del tratado sobre los sacramentos es sustancialmente común al de la asignatura de liturgia. El objeto formal, sin embargo, es distinto. La asignatura de liturgia los contempla sobre todo desde la perspectiva de la celebración, mientras que la asignatura de los Sacramentos lo hace desde la vertiente dogmática. Ambas, ciertamente, se presuponen y complementan, y vienen a ser como planos interiores unos a otros.

Si la teología sacramentaria ha progresado en algún campo, éste ha sido en el conocimiento histórico de las fuentes litúrgicas y en la comprensión de las categorías teológicas que las han impulsado. Hoy conocemos con cierta exactitud el modo según el cual la Iglesia ha ido celebrando cada uno de los sacramentos a lo largo de la historia, así como los presupuestos teológicos con que ha contado en cada ocasión, cuando ha tenido que variar los signos sacramentales. A pesar de tales variantes, la Iglesia ha tenido conciencia de ser siempre fiel a la mente del Señor, que los instituyó. De este modo, quizá en este campo más que en otros, el recurso a la historia aparece como una fase ineludible para quien desee comprender los sacramentos con más hondura teológica.

De otra parte, siendo la historia cauce necesario para conocer las diversas manifestaciones sacramentales, tal realidad no se llega a comprender suficientemente a través de una mera verificación de los datos históricos; en realidad, se precisa la fe en la palabra de Dios porque los sacramentos son, en su núcleo más intimo, acontecimiento salvíficos, realidades sobrenaturales. La historia permite comprobar el comportamiento de la Iglesia a lo largo de los siglos; pero la comprensión acabada de este comportamiento no lo da la historia, sino la fe. Fe e historia no se excluyen, sino que se complementan en la metodología sacramental.

Antes de referirnos a los contenidos de esta materia, convendrá añadir una última observación: si hasta ahora el estudio teológico del Símbolo de la fe nos ha llevado a un conocimiento estático del depósito de la revelación, ahora, con los sacramentos, el análisis nos introduce en el momento dinámico del misterio cristiano: la celebración sacramental de la Iglesia es la pista de aterrizaje donde la Trinidad se posa sobre la historia.

Los contenidos del programa ―de por sí extenso― se estructuran en dos grandes bloques, que responden a una partición ya clásica en la tradición manualística. El primer bloque agrupa las cuestiones comunes a todos los sacramentos: actos de Cristo y de la Iglesia para el hombre, el signo sacramental, la eficacia, el ministro y el sujeto. Es lo que los manuales clásicos llamaban el tratado de sacramentis in genere. Este primer bloque amplio será en nuestro caso la Primera Parte del programa, desarrollada en una única Unidad Didáctica.

El segundo bloque trata ya de cada sacramento en particular. Lo dividimos en tres Partes: los sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), los dos sacramentos de sanación (Penitencia y Unción) y los dos sacramentos al servicio no sólo de la comunidad, sino, más a fondo, de la comunión (Orden y Matrimonio). A cada cacramento dedicaremos una Unidad Didáctica, añadiendo una de contenidos generales al comenzar la Segunda Parte, la de los sacramentos de iniciación.

El alumno se encuentra, pues, ante un tratado sugestivo, cuyo estudio le ayudará a resolver cuestiones que afloran con frecuencia, aquí y allá, en torno a puntos neurálgicos de la fe: por qué bautizar a los niños, por qué confesar los pecados a un presbítero, por qué participar en la celebración eucarística los domingos, ungir con aceite a un enfermo... Al estudio ―esto es importante― debe acompañar la plegaria personal, si no se quiere que esta corriente de sangre y agua, que brota del costado traspasado del nuevo Adán dormido en la cruz, se pierda en la arena de un falso teologizar meramente erudito.

 
© Universidad de Navarra URL de esta asignatura: http://www.unav.es/asignatura/sacramentos/