Minúsculos andamios para el cerebro
Los nanotubos de carbono favorecen la comunicación entre las células del sistema nervioso.
20 de noviembre de 2008

Hasta hace poco más de veinte años se pensaba que el carbono podía encontrarse en dos formas: como
diamante, el mineral más duro que se conoce, y como
grafito, en
el que los átomos se disponen en láminas que se deslizan fácilmente
unas sobre otras (por ejemplo, al escribir con un lápiz). En 1985
se descubrieron los
fullerenos, estructuras en forma de jaula formadas por hexágonos y pentágonos, y los
nanotubos, que podrían describirse como unas láminas de grafito que se cierran formando cilindros unas
50.000 veces más finos que un cabello.
El
año pasado un grupo de investigadores del Instituto Federal de
Tecnología Suizo (EPFL) publicó un trabajo en el que utilizaban
nanotubos de carbono como soportes sobre los que crecían neuronas, las células del sistema nervioso, demostrando que el nanotubo
favorecía la transmisión de las señales eléctricas.
Ahora, en un trabajo presentado en el congreso anual de la
Sociedad de Neurociencias, Michele Giugliano y sus colaboradores han
comprobado que esto se debe a que los impulsos eléctricos viajan mejor
no sólo a través de las neuronas, sino también
por los propios nanotubos. Según su idea,
estos andamios sirven de atajo entre dos neuronas alejadas o incluso entre dos puntos de una misma célula.
Evidentemente, el hallazgo puede tener
aplicaciones prácticas importantes.
Si los investigadores son capaces ahora de reproducir este fenómeno en
animales de experimentación, los nanoandamios podrían servir para
reparar lesiones
en la médula espinal o para recubrir los electrodos que se implantan en
el cerebro, mejorando así la conducción de la señal eléctrica.
José Ramón Isasi
Departamento de Química y Edafología