
El material genético está empaquetado en el interior del núcleo de las
células, formando unas estructuras con forma de bastoncillos
llamadas cromosomas. Los extremos de los cromosomas se conocen con el
nombre de
telómeros, y son unas estructuras importantes porque evitan que los cromosomas
sean destruidos. Durante el proceso de división de los cromosomas, los
telómeros disminuyen de tamaño, de forma que después de varias
divisiones celulares los cromosomas ya no son viables y la célula
muere. De hecho, este mecanismo determina en gran medida la vida media
de una célula. Algunas células pueden activar una enzima llamada
telomerasa, que es capaz de alargar los telómeros y retrasar la muerte celular.
Con
estos antecedentes no es de extrañar que, cuando hace unos
años se aisló la telomerasa, se produjese un gran revuelo, al ser
presentada como la
proteína de la longevidad. Por desgracia, las células no toleran bien que se prolongue su vida artificialmente, y el resultado es el desarrollo de
tumores.
Esta circunstancia ha hecho imposible analizar el efecto que tendría la telomerasa sobre la longevidad de un
organismo completo. Ahora, investigadores del Centro Nacional de
Investigaciones Oncológicas, en Madrid, lo han conseguido.

El equipo dirigido por María Blasco y Manuel Serrano, que publica sus resultados en la revista
Cell, utilizó unos
“super-ratones”
que son resistentes al cáncer porque tienen altos niveles de genes
supresores tumorales. Los investigadores introdujeron en estos
animales
copias adicionales del gen que fabrica la telomerasa.
Gracias a que los ratones no desarrollan cáncer, los científicos
pudieron esperar a que mueriesen de causas naturales. De este modo,
comprobaron que la vida media de los animales con telomerasa es mayor
de lo habitual, ya que se enlentecen muchos de los procesos relacionados con el
envejecimiento.
Estos experimentos muestran claramente por primera vez que la
telomerasa es capaz de
prolongar la vida en un mamífero,
aunque -evidentemente- su asociación con el desarrollo de tumores
dificulta mucho sus posibles aplicaciones con este fin en humanos.