
Como todo el mundo sabe,
fumar es el principal factor de
riesgo
de desarrollar cáncer de pulmón. Si una persona que nunca ha fumado
tiene un riesgo menor del 1% de contraer este cáncer, el riesgo del
fumador "típico" está en torno al
10-15%
a lo largo de su vida. De todas formas, siempre hemos oído historias
(contadas casi siempre por fumadores) del abuelo que "fumaba como un
carretero pero murió con 90 años sin rastro de cáncer de pulmón". Al
margen de la posible dosis de exageración de estos relatos, está claro
que la
influencia de los
genes puede hacer que algunos fumadores tengan menos
probabilidad de desarrollar cáncer que otros.
Esto es precisamente lo que concluyen tres investigaciones publicadas
ahora en
Nature
y en
Nature
Genetics.
Independientemente, los tres grupos de investigación (en uno de los
cuales colaboran científicos de Granada y de Barcelona) han
identificado
variantes
genéticas que influyen en el riesgo de padecer cáncer de pulmón en
fumadores.
Estudiando miles de fumadores con o sin cáncer de pulmón (la mayoría en
poblaciones de ascendencia europea), los investigadores hicieron un
"barrido" de variantes genéticas distribuidas por todo el genoma, lo
que les permitió encontrar algunas que se asocian
significativamente con el hecho de haber tenido cáncer de pulmón.
Dichas variaciones están en una región del cromosoma 15 en la que
residen los genes de unos receptores nerviosos que regulan la
adicción a la nicotina,
por lo que los autores sugieren que las variantes "de riesgo" hacen que
sus portadores fumen más cigarrillos.
En conjunto, las personas con dos copias "de alto riesgo" tienen un
riesgo un
80% mayor
de desarrollar cáncer de pulmón que los fumadores con dos copias "de
bajo riesgo". Es decir, si un fumador con dos copias de bajo riesgo
tiene un 15% de probabilidad de padecer la enfermedad, un
fumador
con dos copias tiene una probabilidad del 23% aproximadamente. Un
aumento pequeño, como es de esperar, ya que se supone que hay
muchas más variantes
de este tipo que actúan coordinadamente. Cuando encontremos esas que
faltan, podremos explicar mejor la "increíble" longevidad del fumador
empedernido.