
La
medicina regenerativa
en enfermedades cardiovasculares ofrece esperanzas de mejorar la
calidad de vida de los pacientes, especialmente en pacientes que han
sufrido un infarto de miocardio. Si se inyectan en la zona del infarto
células madre musculares, éstas pueden
regenerar la lesión y evitar que se produzcan complicaciones graves, como arritmias severas.
Hasta ahora, este efecto beneficioso sólo se había logrado con células musculares inmaduras procedentes de corazones fetales
("cardiomiocitos embrionarios"),
pero no con otros tipos de células madre musculares o cardiacas. Esto
dificulta mucho la utilización de esta tecnología, ya que es difícil
obtener células compatibles con los pacientes a los que se van a
transplantar.
Ahora, un estudio aparecido en la revista
Nature,
realizado en ratones, descubre la base molecular de este
comportamiento, y abre la puerta a utilizar otros tipos de células con
la misma eficacia regenerativa. Los investigadores, de Estados Unidos,
descubrieron que lo que permite a los cardiomiocitos embrionarios
injertarse y comenzar a latir en sincronía con las células vecinas
es la
conexina 43, una
proteína que permite establecer comunicaciones entre células vecinas.
Establecido este hecho, introdujeron el gen que codifica esta proteína
en células musculares inmaduras de ratones
("mioblastos") y vieron que éstos adquirían la misma capacidad regenerativa de los cardiomiocitos embrionarios.
El hallazgo es importante, no sólo por el
interés científico de saber cuáles son los factores que rigen la capacidad de las células cardíacas de latir al unísono. Además, abre la puerta a
utilizar células propias, procedentes del paciente,
para regenerar adecuadamente el corazón infartado, modificando células
madre de uno de sus músculos para que expresen grandes cantidades
de conexina 43. Aunque por ahora el trabajo se ha desarrollado en
ratones, se espera que estos resultados sean extrapolables también a
humanos.