
Todos los años sufrimos las consecuencias de
alguna epidemia de gripe de mayor o menor intensidad. Generalmente,
estas epidemias coinciden con la
etapa invernal, más o menos en los mismos meses, pero las
causas de esto no están claras. Un trabajo publicado en
Nature
Chemical Biology sugiere una
explicación científica para este fenómeno.
El virus de la gripe (o
influenza)
pertenece a la familia de los Orthomixovirus, posee una cápside de
proteínas que rodea a su genoma y todo ello, a su vez, está
recubierto por una membrana de lípidos y glicoproteínas. Esta cubierta
membranosa o
envoltura
es la
responsable de que el virus se una a las células y las infecte,
entrando en ellas para poder multiplicarse. Determinadas propiedades
físicas de esta envoltura son esenciales para que se lleve a cabo dicha
infección.

Los
autores del artículo han estudiado las propiedades fisico-químicas de
la envoltura del virus de la gripe a distintas temperaturas. Sus
resultados demuestran que
los
lípidos de la envoltura se ordenan de distinta forma según la
temperatura,
y esto afecta a la estabilidad del virus. Por ejemplo, a
temperaturas bajas la envoltura adquiere una estructura más rígida y
robusta, más gelatinosa, que
protege
al virus del frío, lo hace más
estable y posibilita la transmisión de persona a persona a través del
aire. Una vez ya en el interior del huésped, la temperatura es más alta
y esto debilita la envoltura, que pasa a un estado más fluído y
permite
la infección de las células. Esto explicaría, además, que
en las
temperaturas típicas del verano la envoltura no sea lo suficientemente
rígida para proteger al virus fuera del huésped, y la transmisión de la
enfermedad es más difícil.
Por tanto, estos datos ayudan a
comprender mejor los mecanismos que facilitan la transmisión de este
virus, y podrían traducirse en estrategias para combatir la propagación
de la gripe.