
Ya son bastantes los estudios que sugieren que
ciertas condiciones maternas pueden afectar los hábitos alimenticios de los descendientes.
Pero la regulación del apetito es algo bastante complejo y
sofisticado, que incluye la producción de distintas moléculas en
determinadas partes del cerebro. Sustancias con nombres tan hermosos
como
orexina, galanina o dinorfina
son las responsables de que sintamos hambre en respuesta a estímulos
procedentes del estómago, de la sangre, de los sentidos, etc. Por eso
es difícil desentrañar los mecanismos mediante los cuales ciertas
situaciones en la madre pueden verse reflejadas en la descendencia.
Ahora, una investigación publicada en la revista
The Journal of Neuroscience demuestra que las
ratas sometidas a una dieta rica en grasas durante el embarazo tienen una prole con determinados cambios cerebrales que favorecen el sobrepeso. Los investigadores, de la
Universidad Rockefeller de Nueva York,
alimentaron un grupo de ratas gestantes con una dieta rica en grasas y
lo compararon con ratas sometidas a una dieta estándar. El resultado
fue que los animales nacidos de las ratas alimentadas con dieta grasa
tenían en sus cerebros
mayor cantidad de sustancias que aumentan el apetito.
Además, la prole de estas ratas desarrolló, con el paso del tiempo, una
preferencia por la grasa en la dieta, hiperlipidemia (aumento de grasas
en la sangre), aumento de la cantidad de alimento ingerido, y
sobrepeso. Los cambios parecen producirse
durante
el periodo fetal,
y los efectos persisten al menos hasta el día 70 después del nacimiento
(que en ratas corresponde al periodo posterior a la pubertad).
Este trabajo arroja luz sobre los
mecanismos
responsables de que algunas situaciones maternas durante el embarazo
sean la causa de sobrepeso en la descendencia. Considerando la epidemia
de
obesidad infantil que sufre
el mundo desarrollado, los datos proporcionados por estos
investigadores tienen una especial relevancia, si se confirma que estos
procesos son similares en humanos.