Los neurólogos piensan que la demencia que sufren muchas personas mayores ha estado
desarrollándose de modo silencioso
durante años. Por esto, cualquier cambio físico que pudiese alertar
sobre dicho proceso sería de gran utilidad para hacer un diagnóstico
precoz y poner en marcha medidas para prevenir o aliviar esta
enfermedad.

Un grupo de investigadores de la
Clínica Mayo, en Estados Unidos, acaba de publicar en la revista
Neurology
un estudio en el que observan que las mujeres con demencia senil habían
comenzado a perder peso diez años antes de que se diagnosticase la
enfermedad. Los investigadores llevaron a cabo el estudio en
295 pacientes diagnosticados de demencia, y otros tantos individuos sanos, de los que se tenían datos médicos de
los últimos 40 años. Así, pudieron detectar que diez años antes de comenzar a sufrir síntomas, los pacientes con demencia pesaban
5,4 kilos menos que los individuos sanos. Además, esta diferencia se observaba exclusivamente en mujeres.
Como explican los autores del estudio, esta diferencia de peso es una
consecuencia, no la causa,
de la demencia. Lo que probablemente sucede es que una de las primeras
manifestaciones del transtorno cerebral es la falta de interés por las
comidas, lo que se traduce en una ligera -pero continua- pérdida de
peso.
Lógicamente, es imposible utilizar únicamente este
dato para el diagnóstico precoz de la demencia senil, ya que la pérdida
de peso puede obedecer a muchas otras causas. Pero los investigadores
esperan que sirva para guiar la investigación en este campo y para
ayudar a descubrir otros signos físicos que permitan detectar la
presencia de la enfermedad antes de que esté avanzada.