Como en toda
enfermedad multifactorial
en la que participan factores genéticos, la predisposición de cualquier
persona a padecer cáncer a lo largo de su vida depende de la
combinación de diversas
variantes
genéticas de "riesgo". Cada una de estas variantes aumenta
la predisposición ligeramente, algunas más que otras; es la combinación de todas ellas lo que determina la
susceptibilidad individual a desarrollar un tumor.

La detección de dichas variantes es
muy complicada. Como su influencia en el desarrollo de la enfermedad es
tan pequeña, para encontrarlas es necesario utilizar métodos de
análisis que requieren
estudiar
a miles de pacientes y de sujetos sanos para comparar sus
genomas y encontrar las diferencias que se asocian estadísticamente
con la presencia del tumor. Esto es lo que acaba de publicar
en la revista
Nature
un equipo que reúne a más de 100 centros de investigación de todo el
mundo, incluyendo el grupo que lidera Javier Benítez en el
CNIO.
En una primera fase del estudio se analizaron
más de 250.000 variantes genéticas
(polimorfismos conocidos como
"SNP",
ver
video
explicativo) en más de 400 pacientes con cáncer de mama y 400 controles
sanas. Después se seleccionaron más de 12.000 SNP (los que mostraron
mayor asociación con la enfermedad) para un segundo estudio en 3.900
enfermas de cáncer de mama invasivo y en otras tantas mujeres sanas.
Finalmente, se seleccionaron las 30 variantes más asociadas con el
tumor para un tercer estudio en
más
de 20.000 pacientes y más de 20.000 sanas. El resultado
fue el hallazgo de
5
variantes genéticas que están claramente asociadas con el
desarrollo del tumor. Estas variantes se encuentran en genes que
participan en los procesos de crecimiento celular.

Mapa
de desequilibrio de ligamiento de los SNP analizados en el gen FGFR2
Como era de esperar,
el riesgo que aporta cada una de
estas variantes es pequeño. Como explicaba a Europa Press
Javier Benítez, "una mujer que sea portadora de una variante de FGFR2
tendrá un 3% más de riesgo de desarrollar cáncer de mama, pasaría de un
10% que tiene cualquier mujer a un 13%. Si la variante está en
homocigosis, es decir, los dos genes FGFR2 tienen la misma variante (lo
que se produce en un 15% de la población) el riesgo sería mayor, de un
6%. Algo parecido pasaría con los otros tres genes aunque el riesgo es
más pequeño, del 1 al 2%".
En
cualquier caso, este trabajo es un primer paso para identificar las
variantes genéticas que confieren susceptibilidad a un tumor tan
frecuente como el cáncer de mama. Además, los datos aportados por los
autores sugieren que
podría
haber decenas de variantes genéticas implicadas en el desarrollo de
esta enfermedad. Cuando se conozcan las combinaciones de
variantes responsables de la mayor parte de la predisposición, se
podrán diseñar
pruebas
diagnósticas que permitan identificar aquellas mujeres que tienen
un riesgo significativamente aumentado de sufrir este cáncer.