Una de las innovaciones
más
importantes en los humanos es la capacidad de digerir el almidón, que
es una fuente de azúcares procedente de las plantas, y que hoy en día
constituye
la mayor
parte de las calorías que consumimos. El uso de
este alimentó se extendió con la aparición de las sociedades agrícolas.
Para poder utilizar el almidón como fuente de calorías, es necesaria la
presencia en la saliva de una enzima llamada
amilasa, que permite
degradar el almidón en azúcares más fácilmente absorbibles en el
intestino.
Un
grupo de investigadores estadounidenses ha estudiado el gen q
u
e
produce la amilasa en individuos de varias poblaciones del planeta, y
ha encontrado que el número de copias del
gen varía de acuerdo con la
cantidad de amilasa que tienen en su saliva. Además,
las poblaciones
que consumen más almidón tienen más copias del gen, y por
tanto
producen más amilasa.
Normalmente,
nuestro genoma tiene dos copias de cada gen, una copia
procedente de la madre y otra del padre.

Sin embargo,
en fechas
recientes se ha visto que
muchas
regiones del genoma están
multiplicadas dos o más veces, y el número de copias varía
de unos
individuos a otros. Precis
amente,
el gen de la amilasa se comporta de
esta manera: los investigadores han detectado que –en promedio- un
individuo tiene entre 4 y 6 copias del gen. Curiosamente, los
individuos de poblaciones en las que se consume poco almidón
tienen menos copias del gen que los individuos de poblaciones con alto
consumo.
Este hallazgo es muy interesante porque
sugiere que
el aumento
en el
número de copias del gen de la amilasa ha sido fruto de la selección
natural en poblaciones humanas, y ésta selección
probablemente se aceleró cuando aparecieron
las sociedades agrícolas. Pero además los investigadores han contado el
número de copias del gen de la amilasa
en varias especies de
chimpancés, con la sorpresa de que sólo tienen dos copias.
Por tanto,
este aumento es algo exclusivo de los humanos; los científicos
piensan que pudo ser un hecho importante en la evolución de los
homínidos, al permitir la utilización de una fuente
energética importante y facilitar el aumento en el
tamaño del cerebro que
experimentó el
Homo
sapiens.