
Una investigación publicada en la revista
Nature demuestra la teoría de que la mejor forma de
prevenir la obesidad es evitándola en la infancia. Las personas que desarrollan sobrepeso antes de la adolescencia aumentan el número de
adipocitos,
las células especializadas en almacenar grasa. A partir de los 20 años,
en cambio, la cantidad de estas células permanece constante durante
toda la vida de una persona, por lo que el aumento de peso en la etapa
adulta se debe al
aumento en el tamaño de estas células, pero no de su número.
El
estudio se realizó sobre 687 personas adultas, en las que se calculó el
número de adipocitos que tenían. Al comparar estos resultados con datos
obtenidos en niños, los investigadores comprobaron que el número de
estas células permanece
relativamente constante en adultos, y se correlaciona con la índice de masa corporal.

Otra observación interesante fue la comprobación de que la pérdida de peso
no reduce el número de células almacenadoras de grasa, sino su tamaño. Esto
lo pudieron comprobar en 20 personas que se sometieron a cirugía de
reducción del estómago: a pesar de que la disminución del peso fue de
casi un 20% en los dos años siguientes, el número de sus adipocitos era
el mismo que antes de la operación.
Curiosamente, los autores del trabajo han descubierto que estas células no son las mismas durante toda la vida, sino que
un 10% de ellas se renueva cada año.
Por tanto, debe existir un mecanismo que mantiene constante su número.
Los investigadores señalan que el conocimiento de dicho mecanismo
ayudará a regular la cantidad de células grasas. En cualquier caso, la
implicación más directa de este trabajo es que se debe procurar una
alimentación sana durante la infancia para prevenir la obesidad.