
En 1918, una epidemia de gripe asoló el
planeta, produciendo más de
50
millones de muertes. Hace tres años se descifró la
secuencia del genoma del virus responsable y se reconstruyó en el
laboratorio para investigar las causas de su gran agresividad. Se supo
entonces que el virus procedía de un virus que causa gripe en aves,
que se había convertido en altamente peligroso para los
humanos debido a algunas mutaciones. Teniendo en cuenta los recientes
temores suscitados por el virus de la
gripe aviar, es
evidente la importancia de contar con una vacuna que pueda prevenir una
nueva epidemia de gripe en humanos.
Ahora, la posibilidad de obtener esta vacuna está más cerca,
gracias a un trabajo de científicos estadounidenses publicado en la
revista
Nature.
Los investigadores han recogido sangre de
32 supervivientes a la epidemia
de 1918, que habían perdido algún familiar por la gripe
y que tienen en la actualidad más de 90 años. Utilizando
técnicas clásicas de inmunología, han podido aislar anticuerpos que
neutralizan el virus de 1918:
tras infectar ratones de laboratorio, todos los ratones tratados con
estos nuevos anticuerpos
lograron
sobrevivir a la infección, mientras que todos los ratones
no tratados murieron a causa de la gripe.
Este hallazgo es de gran importancia, ya que los anticuerpos
encontrados en los supervivientes a la epidemia

de 1918
también
son activos frente a otras cepas del virus de la gripe.
Además, este trabajo demuestra que los anticuerpos todavía están
activos
varias décadas
después de haberse originado. Dada su alta actividad,
parece que estos anticuerpos están neutralizando un parte importante
del virus de la gripe, tan importante que no puede mutar. Por
tanto, esa región del virus es un
candidato
ideal para diseñar vacunas que sean activas frente a las
cepas más agresivas de este virus, incluso frente a
una nueva hipotética variante procedente de
un virus aviar que amenazase con infectar poblaciones humanas.