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A más especies, menos infecciones Conservar la biodiversidad limita la transmisión de agentes patógenos
16 de diciembre de
2010
La pérdida de especies
de un ecosistema concreto puede tener graves consecuencias en la
distribución e incidencia de las infecciones, incluso en aquellas que
afectan a los humanos, según biólogos norteamericanos. Como publican en
una interesante revisión en la revista Nature,
la biodiversidad nos protege frente a las enfermedades infecciosas. Los
científicos han estudiado la relación entre el cambio en los
ecosistemas y la interacción entre los microorganismos patógenos y sus
huéspedes, y han llegado a la conclusión de que la pérdida de biodiversidad
aumenta la transmisión de enfermedades infecciosas. Aunque no se sabe
exactamente por qué ocurre esto, parece ser que la disminución del
número de especies puede aumentar la probabilidad de encuentros entre el parásito y el huésped. Entre los más de doce modelos de infecciones diferentes que se detallan en el estudio, figura el aumento de la incidencia de la infección por el virus del Nilo Occidental en los Estados Unidos. Este virus es transmitido por mosquitos y se mantiene entre las poblaciones de pájaros. De manera esporádica puede infectar al hombre causando un tipo muy grave de encefalitis. En las zonas donde ha disminuido la diversidad de aves han predominado especies de pájaros susceptibles al virus, lo que se ha traducido en un aumento del grado de infección en los mosquitos y en el hombre. Por el contrario, en aquellas zonas con más tipos diferentes de aves (gran diversidad) hay más especies que no son buenos huéspedes para el virus, y esto hace que la incidencia de la infección disminuya. Sin embargo, el estudio también alerta de que una gran biodiversidad puede favorecer la aparición de nuevas infecciones, los llamados patógenos emergentes. Se calcula que entre 1940 y 2004 se han identificado más de 300 enfermedades emergentes en humanos (algunas tan conocidas como el SIDA, la gripe aviar o la aparición de cepas bacterianas multirresistentes a los antibióticos). En algunos casos se demuestra que la probabilidad de que un patógeno “salte” desde la fauna salvaje al hombre es mayor en áreas ricas en biodiversidad. Más que por un aumento de la biodiversidad, la mayoría de los casos de enfermedades emergentes está relacionado con cambios producidos por la actividad humana (prácticas agrícolas, deforestaciones, producción de alimentos, guerras y cambios demográficos) que incrementan los contactos entre las personas y la fauna salvaje. Por ello, preservar grandes áreas o ecosistemas intactos podría minimizar este contacto y reducir estas nuevas enfermedades. El mensaje es claro: conforme más degrademos los ecosistemas mayor probabilidad de que aumenten las enfermedades infecciosas. Ignacio López-Goñi Catedrático de Microbiología Universidad de Navarra |
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