Si uno necesita hacer esfuerzos por
no ganar peso, alguna vez habrá sentido cierta envidia de esas personas
que comen lo que quieren y nunca engordan. Desde hace unos años, con el
comienzo de la
"epidemia" de obesidad en el mundo occidental, este misterio se ha intentado resolver acudiendo a la búsqueda de los
factores genéticos que confieren susceptibilidad al sobrepeso (ver, por ejemplo,
"Primer gen relacionado con la obesidad" en un número anterior de
A Ciencia Cierta).

Ahora, unos investigadores
del Reino Unido han publicado los resultados del primer estudio que se
realiza en parejas de gemelos. Este tipo de estudios son de gran
utilidad para cuantificar la
heredabilidad
(en sentido amplio) de un rasgo fenotípico, es decir, en qué medida la
variación de un rasgo observable cualquiera (altura, peso, presión
arterial, etc.) es atribuíble a factores genéticos. En este caso,
los autores midieron el
índice de masa corporal,
una relación entre altura y peso que se utiliza para definir los
umbrales de sobrepeso y de obesidad. Este índice fue determinado en
más de 5.000 parejas de gemelos,
tanto monocigóticos (idénticos) como dicigóticos (mellizos). La ventaja
de los estudios con gemelos es que eliminan los efectos del ambiente,
ya que los hermanos han estado sometidos a los mismos factores
ambientales (dieta, ejercicio, etc), y así es posible detectar la
presencia de factores genéticos responsables de la variación en el
sobrepeso de esos mismos niños.
Los resultados, publicados en el
American Journal of Clinical Nutrition, muestran que los factores genéticos son responsables de
casi un 80% de la variación
en el índice de masa corporal, lo que viene a corroborar otros estudios
anteriores. De todas formas, el estudio no detecta cuáles son esos
genes, ya que no era ése su objetivo.
La interpretación de estos resultados ha estado sujeta a cierta
controversia,
ya que para algunos se demuestra la ineficacia de las medidas
dietéticas para frenar la epidemia de obesidad infantil en nuestro
entorno. Esta es una cuestión de gran importancia, ya que
la obesidad es un factor de riesgo
importante para otras enfermedades como diabetes, enfermedades
cardiovasculares o cáncer. Por tanto, es fundamental saber cuáles
medidas de prevención serán más eficaces. En este sentido, diversos
autores han recordado que la explosión de obesidad infantil ha surgido
en las últimas décadas, en un periodo en el que los genes de la
población no han cambiado sustancialmente. Por tanto, además de la
predisposición genética que pueda haber, los factores desencadenantes
han de estar en los
hábitos dietéticos. Hasta que no tengamos a nuestra disposición más datos científicos, la mejor prevención es comer de modo saludable.