Muchas de las
enfermedades más prevalentes en nuestro entorno son de tipo
"multifactorial",
es decir, están causadas por una combinación
compleja de factores
genéticos y ambientales. Además, las variantes
genéticas responsables
pueden ser muchas y de distinta importancia, cada una contribuyendo
algo (habitualmente poco) al riesgo final de desarrollar la enfermedad.
En esta categoría se encuentran la
diabetes, el
Alzheimer, el
Parkinson, las
enfermedades cardiovasculares,
etc.
Lógicamente,
la identificación de las variantes genéticas que
aumentan el riesgo de
sufrir estas dolencias no es nada sencilla. Gracias a la
información
obtenida del proyecto Genoma Humano, hoy en día es posible
analizar
varios cientos de miles de variaciones en la secuencia del genoma (
"polimorfismos", ver
este video),
buscando alguna variante concreta que sea más frecuente en
individuos
enfermos que en individuos sanos. Pero para poder detectar esta
asociación, es necesario realizar el análisis del
genoma en varios
miles de personas, lo cual no siempre resulta factible.
En la revista
Science,
un grupo británico ha publicado la identificación
de una variante genética asociada claramente con el riesgo
de desarrollar
obesidad.
Inicialmente los investigadores buscaban polimorfismos asociados con un
tipo de diabetes, y para ello analizaron
500.000 variantes
genéticas en unos 2.000 diabéticos y
en 3.000 personas sin diabetes. Encontraron una variante en un gen
llamado
FTO,
pero curiosamente la asociación más fuerte de
este polimorfismo se producía con el llamado
"índice de masa
corporal"
(el peso dividido por el cuadrado de la altura), que es el
parámetro
que se utiliza para definir la obesidad. Para validar los resultados,
los investigadores analizaron este polimorfismo genético en
unas
40.000 personas
de distintas edades, y pudieron confirmar la asociación
entre una de
las variantes y la obesidad. En concreto, tanto en niños
como en
adultos, las personas que llevan dos copias de la variante "mala"
tienen un aumento del 70% del riesgo de desarrollar obesidad, y pesan
-en promedio- 3 kilos más que las personas que no llevan
ninguna copia
de esa variante genética.
Los científicos no saben todavía qué
hace exactamente el gen
FTO
y por qué se asocia con la obesidad, lo cual hace suponer
que actúa mediante un
mecanismo
novedoso.
Desentrañar dicho mecanismo ocupará a los
investigadores en los
próximos años, y ayudará a comprender
mejor la regulación del peso
corporal. Esto, sin duda, permitirá diseñar
fármacos o identificar
estilos de vida que ayuden a combatir la obesidad y las enfermedades
relacionadas con esta condición.