El secreto está en lo pequeño
La complejidad corporal de los animales viene codificada en sus genomas, pero ¿cómo?
2 de noviembre de 2008

Uno de los grandes enigmas de la biología es
cómo explicar la creciente complejidad
de los patrones corporales a lo largo de la evolución. ¿Qué procesos
moleculares explican las diferencias entre organismos complejos como
los mamíferos, con sus trillones de células organizadas y
especializadas para realizar distintas funciones, frente a otros
animales tan simples como las esponjas o las anémonas marinas? La
respuesta debe estar en sus genes, y sin embargo la lectura de los
genomas de diversas especies en estos últimos años no ha resuelto esta
cuestión, sino todo lo contrario.
El número de genes de un gusano o de una primitiva esponja de mar es similar al de un ratón o un humano, y en general estos genes tienen un gran parecido incluso entre especies tan diferentes como las mencionadas.
Por tanto, la explicación debe estar en la
distinta manera de regular el funcionamiento de los genes, especialmente durante el desarrollo embrionario. Si pensamos en un genoma como una
gran orquesta
en la que cada gen es un instrumento, esos instrumentos pueden tocarse
y combinarse de distintas maneras, creando melodías sencillas o
sinfonías complejísimas. Cada vez está más claro que los responsables
de estas diferencias son los llamados
"elementos reguladores", fragmentos de ADN del propio genoma que controlan el funcionamiento de muchos genes a la vez.

En un artículo publicado en la revista
Science, un equipo multidisciplinar de investigadores analiza el papel que juegan en esta regulación unos elementos llamados
microARN,
unas pequeñas moléculas que son capaces de regular el funcionamiento de
decenas o cientos de genes. Los científicos han buscado estos elementos
en el genoma de animales primitivos como esponjas y anémonas, y han
descubierto que son más frecuentes de lo que se pensaba, y que son
diferentes a los del genoma humano.
Estos resultados permiten relacionar la complejidad morfológica de
distintos organismos con el número de microARN que contienen sus
respectivos genomas, lo que añade una nueva dimensión al estudio de la
evolución desde la perspectiva genética.
Javier Novo
Departamento de Genética