
El
genoma es un asunto complejo. No se trata sólo de conocer la secuencia
concreta de los miles de millones de "letras" (nucleótidos) de un
genoma como el humano, sino que además hay otros factores que
determinan la manera en que funcionan los genes. Entre estos factores,
uno de gran importancia es una modificación química que sufren algunas
citosinas cuando se les añade un grupo metilo, lo que se conoce como
metilación del ADN.
Desde hace unos años, la metilación del ADN es un campo de gran interés
debido a que esta modificación química es un
potente inhibidor de la función
de los genes, y se encuentra alterada en el cáncer y en
otro tipo de enfermedades.
En un trabajo publicado en la revista médica
JAMA,
investigadores americanos e islandeses han encontrado que
los niveles de metilación de
nuestro genoma cambian con la edad,
y además los cambios son similares entre individuos de una misma
familia.
Los científicos estudiaron el genoma de 111 islandeses que habían
donado su ADN en dos momentos de su vida, con 11 años de diferencia. Al
medir los niveles de metilación, vieron que
en el 30% de los individuos había
cambios significativos
entre esos dos momentos de su vida. Sin embargo, los cambios eran de
distinto signo: en unos sujetos la metilación había aumentado con la
edad, mientras que en otros había disminuido. A continuación repitieron
el análisis en 126 donantes de Utah (con muestras de ADN separadas 16
años en el tiempo) y obtuvieron datos similares. Además, pudieron
comprobar que la tendencia a subir o a bajar era
similar entre individuos de una
misma familia, lo que sugiere que hay factores familiares
responsables de estos cambios.

Dada
la importancia de la metilación del ADN en la regulación de la
función génica y su implicación en diversas enfermedades, estos datos
podrían ser de gran interés para explicar
por qué unos individuos tienen
más tendencia a padecer ciertas patologías con la edad.
De todas formas, el hecho de que la metilación aumente en unas personas
y disminuya en otras sugiere que lo importante no es la edad en sí
misma, sino otros
factores
genéticos o ambientales
que pueden influir sobre la metilación del ADN. La identificación de
esos factores será de gran importancia para comprender mejor qué nos
hace desarrollar ciertas enfermedades.