
Es conocida la asociación entre el consumo fuerte de
alcohol
y el desarrollo de algunos tumores, especialmente los cánceres que
afectan a la cavidad oral, faringe, laringe y esófago. De todas formas,
la base biológica de dicha asociación no está clara, ya que también
influyen otros factores como el tabaco.
Un estudio internacional publicado en la revista
Nature Genetics arroja un poco de luz sobre este misterio. Los autores han investigado
variantes genéticas relacionadas con un grupo de siete genes que fabrican una enzima llamada
alcohol deshidrogenasa,
que es la responsable de procesar y degradar el alcohol consumido. Los
individuos que llevan algunas de estas variantes son capaces de
degradar el alcohol hasta 100 veces más rápido que las personas con
otras variantes.
Los investigadores han analizado estas variantes en
varios miles de pacientes con cáncer de boca, garganta y esófago, así como en más de cinco mil sujetos sanos, y esto les ha permitido identificar
dos variantes genéticas que protegen claramente frente a estos tumores. Además, el efecto protector es más pronunciado cuanto mayor es la ingesta alcohólica.
Todo parece indicar que estas variantes permiten degradar el alcohol más rápidamente y por tanto
disminuye el efecto nocivo del alcohol
sobre los epitelios del aparato digestivo. Una conclusión obvia de este
estudio podría ser que las personas con estas variantes pueden beber
grandes cantidades de alcohol sin preocuparse por el cáncer, pero esto
sería engañoso. Como señalan los expertos, incluso las personas con la
variantes "protectoras" tienen mayor riesgo de cáncer que las personas
no bebedoras. La
mejor manera de prevenir estos tumores sigue siendo dejar el tabaco y el alcohol.